lunes, 28 de marzo de 2011

Ave Fénix

Por: Adriano Olivares

En su famoso Discurso en el Politeama, en el período de la post-guerra con Chile, González Prada hace un llamado directo a la juventud para convertirse en los gestores del cambio que lleve al Perú al desarrollo y a la superación de la ignominia y el espíritu de servilismo de sus antepasados. La frase bandera de esta obra, las palabras culminantes con las que nos lleva a una cumbre emotiva y que han perdurado a lo largo del tiempo son: “¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!” Este caso nos demuestra la gran responsabilidad que reside en los jóvenes de convertirse en los renovadores de su patria, de su sociedad, de su entorno, de todo aquello que está a su alrededor. Ejemplos hay muchos; Alejandro Magno conquistó todo el mundo conocido en su época cuando solo contaba veinte años, el Rey David era el hijo menor de una humilde familia de pastores, etc. En este sentido, estoy convencido de que la juventud (quiero decir, los jóvenes de espíritu, puesto que hay ancianos que tienen la vitalidad de un adolescente y a su vez, hay niños que andan por el mundo con la pesadez, el cansancio y los vicios de un viejo) es la encargada de dirigir todo cambio en cualquier esfera de la sociedad y a todo nivel, puesto que nada viejo puede llevar a un cambio y porque la impetuosidad exclusiva y propia de la juventud es, precisamente, la necesaria para consolidar una verdadera renovación.
Todo cambio implica destrucción, muerte, término, para dar paso a un nacimiento. Representa el abandono de todo lo antiguo, todo lo viejo, todo lo conocido, para darle lugar a lo nuevo, o lo que es lo mismo, a lo no conocido. Herman Hesse afirma, En Demian, que: “Todo el que quiere nacer tiene que destruir un mundo” (resaltado mío). Solo un espíritu nuevo, prístino, sin ataduras con el pasado puede guiar un verdadero cambio. Quien pretenda hacer un cambio basándose en el pasado no estará cambiando, solo promoverá una continuidad, una perpetuación de lo viejo. Como decía González Prada: “los troncos añosos y carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo y sus frutos de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas!” El verdadero cambio solo puede conciliarlo el espíritu joven, aquel que es como un niño, original y puro, aquel Superhombre del que predicaba Nietzsche, quien no es más que el recién nacido quien dice sí a la vida.
Por otro lado, así como las reacciones químicas requieren de una determinada cantidad de lo que se llama la energía de activación para desencadenarse, del mismo modo las transformaciones profundas demandan en grado superlativo de una voluntad excelsa, de una auténtica capacidad de riesgo, de un atrevimiento y una osadía sin igual, de una vitalidad ilimitada y de una impetuosidad imperiosa para llevarse a cabo. ¿Quiénes si no los jóvenes cuentan con estos atributos? ¿Podrá un viejo, enraizado en el pasado y anquilosado en sus vicios y hábitos, despabilarse y desembarazarse de lo antiguo, sacudirse de las telarañas que se yerguen sobre su persona para abrazar lo nuevo? Lo más difícil de enfrentar, el enemigo más fiero, es el pasado. Contra este, el renovador debe luchar para detener su objetivo de perpetuarse. Sin esta energía y esta potencia creadora que irradia la juventud, Alejandro nunca hubiera derrotado a Darío, David nunca hubiera vencido a Goliat. La decrepitud perecedera de la vejez no está apta para el cambio, ante ella solo se divisan dos caminos, el de la continuidad ponzoñosa que asemeja a la de un pantano inerte e inmóvil, estancado en su pestilencia o la muerte necesaria y renovadora que da paso a la metamorfosis.
Como hemos visto, son únicamente aquellos espíritus jóvenes los que pueden preconizar y dirigir los verdaderos cambios que transformen y renueven a una nación, una sociedad, una generación, una época, una persona, etc. Esto se debe a que ningún cambio puede provenir de lo viejo y a que todo cambio requiere de una impetuosidad y una energía que solo es relativa a los jóvenes. Como mencione anteriormente, un anciano puede ser un joven, y cada uno de nosotros puede tener la vitalidad de un neonato a pesar de lo viejos que nos pongamos si es que estamos dispuestos a morir y renacer como el ave fénix a cada instante, si es que nos atrevemos a matar nuestros vicios, aniquilar nuestros hábitos y enterrar nuestro pasado. Joven es el Superhombre, el que descubre el mundo por primera vez con cada mirada, el que dice sí a la vida.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Quilca

Por: Juan José Torre

El Jr. Quilca es parte del antiguo camino Inca que unía la costa central con los Andes. Cuando Lima fue fundada, esa antigua vía no lograba ajustarse al modelo urbano de la nueva ciudad; era ya entonces, una calle anómala a los ojos del conquistador. No obstante se mantuvo como camino, pues permitía el desplazamiento hacia los Andes, función que iría dejando de lado y pasando a ser, al cabo de los años, en una calle delgada y vana.

Quilca no tendría mayor trascendencia hasta la etapa republicana, en la década del 20 del último siglo cuando sirve de referencia para ubicar el aristocrático Teatro Colon en una esquina de la flamante Plaza San Martín, que era a su vez la máxima expresión del proyecto urbano copiado del plan parisino de Haussmann. Curiosamente pese a que la aristocracia limeña se ubicó simbólicamente próxima a Quilca, jamás se posicionó de ella. Cerca estaba el ya mencionado Teatro Colon, el exclusivo Club Nacional, (de donde saldrían una noche de 1935 Antonio Miró Quesada y esposa para ser fulminados en la esquina de Quilca precisamente), pero nuestra callecita se mantuvo ajena a los avatares de la ciudad. Así transcurrió su vida hasta hace un poco más de 20 años, cuando la vieja calle tomo nueva vida; ya no como el antiguo camino indio, tampoco como la calle criolla, fueron esa vez extraños habitantes de una ciudad paralela, que en búsqueda de un lugar de encuentro y reconocimiento inventaron un espacio para ellos. No conquistaron nada, solo tomaron lo marginado, lo reedificaron y le dieron nueva vida. A semejanza de las viejas ciudades burguesas, fomentaron el intercambio de ideas que, entre lúcidas y absurdas, fueron configurando un nuevo espíritu, rebelde, inconforme y subversivo. Entonces el espacio se torno en área libre, la anarquía ganó terreno y se volvió en un lugar común. No área perdida sino zona liberada (en una sociedad autoritaria como la peruana la libertad extrema no se puede entender sino como desorden). Entonces la aristocracia del club vecino -espantada- la proscribió y espero la ocasión para dar muerte al lugar donde cholos, negros y blancos, transformados en una maravillosa masa móvil, compartían sus fantasías.

Quilca no la inventó Pizarro, ni Leguía ni la Municipalidad de Lima, menos el Club Nacional, la creó un grupo de intelectuales rebeldes, gente de barbas crecidas y de aliento macerado, (consecuencia segura del “Queirolo” o “Don Lucho”). Sus libros en venta no los trae El Virrey; ni Crisol, los trae el triciclo y el pobre; al igual que sus discos y fanzines, así como las plaquetas llegan de las manos de sus autores marginales. En síntesis, Quilca tiene vida propia y es tan insondable como auténtica.

Sus extraños habitantes han sido amenazados por la intolerancia del grupo de espantados de siempre, guiados por quien fungía, hasta hace poco, ( y quien ahora se quiere adueñar del sillón presidencial) de autoridad de una ciudad que desconoce. Y pretendió apoderarse cual conquistador de la calle liberada, mientras se asoman con tolditos rojos a la calle adoquinada.

Quilca es el pedazo de una ciudad nueva por muchos despreciada, es la señal de una ciudad paralela viviente, desgraciadamente próxima a las fauces del homogenizador.

martes, 22 de marzo de 2011

El arte de amar - Sobre Erich Fromm

Por: Elsa Sánchez Yarmas

Es increíble que con tanta tecnología de mano y las ciencias tan avanzadas, siempre nos  detengamos al escuchar la palabra AMAR, cuyo significado tendrá una tónica diferenciada según nuestras propias experiencias. Sin embargo al leer los escritos de Eric Fromm, nos vamos a detener un poco dentro de esta agitada y bulliciosa ciudad Limeña. Hace solo unos días, para ser más clara el 14 de febrero, observaba que los adolescentes, jóvenes y gente que se siente adulta entregaba algún “presente” para acercarse al verbo, desde mi mirada, para darle una presencia material. Con ello evidencian el deseo de dejar sentado que la existencia del amor puede estar de alguna forma mediada o medida por un objeto concreto. Entonces cuestionamos el verbo que invita siempre a la acción, ¿qué significado tiene realmente el AMOR? ¿Qué invita a amar? ¿Será realmente un arte? A esto me acercaré en las siguientes líneas.
Se hace cada vez más visible que todos los seres humanos anhelamos la vivencia de este sentimiento: encontrarlo, cultivarlo, nutrirlo y fortalecernos con él, siempre ha sido un eje de necesidades para emprender grandes historias, grandes retos y motivaciones. Hemos sentido alguna vez que la felicidad está unida a esta expresión y para ello se hace necesario esforzarse por atraer a la otra parte, ya sea por lo físico (olores y vestuarios) o todo aquello que haga manifiesto el interés por el otro. El autor invita a evaluar lo que  sucede entre el enamoramiento y enamorarse. El primero está influenciado por la expectativa y misterio que genera la otra parte; mientras que el segundo, por la elección que se toma desde una independencia, desde que tienes mejor conocimiento del otro.
El amor genera un dilema en la existencia humana, ya que se parte desde lo instintivo hasta la racionalización y cognición de los sentimientos, entre su dependencia e independencia, entre la soledad de su presencia y la convivencia de grupo, hay un miedo de estar solo y la consiguiente búsqueda de estar con los demás. Por ende se interesa  gradualmente por los “otros” en sociedad. En este proceso se genera miedo. Se dice que  los humanos suelen sufrir alguna dependencia adictiva, tales como el exceso de trabajo, el amor a Dios, predominio por el arte, etc. Hay que señalar que aquellos que no logran esta separación exitosamente, serían vulnerables a la dependencia socio afectiva y con ello se verían involucrados en la adicción a sustancias psicoactivas, sexo compulsivo, tendencias suicidas, entre otras, añadiéndose a este acto una forma generalizada de sentir placer, tan igual como lo pueden provocar algunas drogas.
El autor refiere que lo más complejo está en la independencia y separación de la madre con el hijo, desde el vientre y sus primeros años. Esta característica es inversa en relación a otras especies que son más indiferentes a la madre; por el contrario, el niño o niña requieren de procesos y etapas graduales.
Según Fromm, el amor no se entiende como dependencia o inmadurez, sino que en todo momento invita a la autonomía, a la valía por el desprendimiento y la benevolencia con uno mismo y con los otros. Él mismo considera que hay diferentes formas de amar. Por eso habla de un conocimiento teórico y práctico. No podemos amar aquello que no se conoce, cuando mas acercamiento existe, más profundo y maduro puede ser este amor. A continuación detallo las diferentes formas de amar:

a)    El amor entre padres e hijos: Considera que el infante esta íntimamente ligado a la protección y cuidado de la madre. Desde los primeros años hay una dependencia socio afectiva que gradualmente se va dejando de lado para integrarse al entorno. Aquí debe construirse el amor progresivamente saludable. Aquí se da un principio: “Amo porque me amas”, para que luego se desarrolle un amor maduro: “Me aman porque amo”.


b)    Objetos amorosos: Se dice que uno no solo ama a una persona, sino que al           desarrollar esta capacidad ama a todo aquello que este cercano a él o ella, como ocurre con el prójimo. Como objetos amorosos se distinguen el amor fraternal, el amor materno, el amor erótico, el amor a sí mismo y el amor a Dios:
-       Amor fraternal: El que está desarrollado hacia el prójimo, como está escrito en los textos bíblicos “amaos los unos a los otros”.
-       Amor materno: Si bien hay una relación inicial simbiótica desde el vientre materno este se va independizando. De uno se valoran a dos.
-       Amor erótico: refiere que este tipo de amor es único entre dos personas con un acto de voluntad y compromiso entre ambas partes.
-       Amor hacia sí mismo: Necesario para entender la magnitud del amor, conocimiento de sí mismo y por ende amor por uno y extensión hacía los demás.
-       Amor a Dios: Se da un paralelismo entre el amor a los padres y el amor a Dios. El amor a Dios es inseparable del amor a los padres, su relación está determinada por la estructura de la sociedad en que vive; así el concepto de Dios será infantil y alejado de un concepto maduro.
En cada uno de los capítulos del texto, Fromm hace énfasis de las diferentes formas de expresión del amor y, a pesar de haber sido escrito en 1956, se percibe muy fresco, muy cercano a la sociedad actual; enfatizo que se hace necesario aprender a cultivar este arte de amar, entendiéndose que el amor como un proceso de aprendizaje permanente.
Debemos considerar que todo aquello que nos interesa y motiva, siempre moverá y desplazará nuevas formas de actuar, pensar y sentir, donde en esencia el arte de amar es dar sin esperar ni negociar, nada mezquino ni posesivo. Todo lo contrario, es simple y valiosamente libre.

lunes, 14 de marzo de 2011

“El poeta es una especie de apóstol, de santo, de iluminado”. Entrevista a Leoncio Bueno

Por: Rómulo Torre Toro y Mateo Díaz Choza (Entrevistadores)

Era la mañana del último lunes de noviembre. Treinta exactamente. Desde hacía dos meses habíamos estado planeando este momento. Llamando por teléfono, pidiendo favores, preguntando entre nuestros conocidos si lo conocían o, en su defecto, quién podía conocerlo. Todo para llegar a ese lunes treinta y estar en donde estábamos, a punto de tomar el micro que nos llevaría a Tablada de Lurín. Por fin habíamos conseguido comunicarnos con Leoncio Bueno y acordar una entrevista.
Las noticias sobre él eran múltiples. El de Leoncio Bueno es el caso recurrente de quienes se retiran de la escena literaria o pública: se crean leyendas. Y la suya estaba sazonada con un millón de historias y secretos. Nosotros nunca sabríamos la verdad (no la buscábamos), pero sí tendríamos una versión más sobre su vida.
Y ahí estábamos.
Después de encontrarnos en la Plaza Bolognesi, Mateo y yo esperamos el micro, subimos a uno lleno y esperamos a que durante el viaje se libere algún asiento. Sobre todo para Mateo, porque en su mochila llevaba un par de artefactos necesarios para la entrevista, pero que no eran nuestros. Es decir, estábamos un poco paranoicos. La ruta del viaje tampoco ayudaba mucho a relajarnos. Pero al fin se desocupó un asiento, Mateo se sentó, yo conseguí otro después y, finalmente, pudimos sentarnos juntos y conversar. No olvidamos pedirle al cobrador que nos avise cuando lleguemos a la calle Sucre. Conversamos durante más de una hora mientras veíamos cómo el paisaje iba transformándose: al cruzar un puente o una avenida o simplemente al pasar de un cerro a otro, todo cambiaba. Sin darnos cuenta pasamos el tren eléctrico, Villa el Salvador e ingresamos a Tablada de Lurín. El cobrador nos dijo que faltaban dos cuadras para llegar a la calle que buscábamos y el chofer lo corrigió: es acá. Se detuvo, bajamos del micro y buscamos la casa que nos indicara el mismo Leoncio Bueno por teléfono.
Tuvimos suerte.
Había una anciana de pie en un portón. Le preguntamos si sabía en dónde vivía nuestro entrevistado y nos dijo, aliviada, que ahí era. Nos dijo que pasáramos. Cruzamos un jardín que en algún momento había estado lleno de árboles y llegamos a una casita de un piso que tenía un corredor con muebles. La anciana nos pidió que nos sentáramos ahí, que Leoncio estaba esperándonos. Nos acomodamos. Mateo sacó la cámara, la ubicamos estratégicamente, dejamos a un costado nuestras mochilas, nos sonreímos. Vimos dentro de la casa desde donde estábamos: una casa sencilla, muebles viejos, falso piso.
Entonces apareció el hombre.
Tenía una cinta amarrada a la cabeza y las manos grandes. Nos pusimos de pie, presentaciones, apretones de mano, felicitaciones y a conversar. Leoncio Bueno, o simplemente Leoncio, por fin nos recibía en su casa. Un hombre de carne y hueso y ochenta y nueve años que, aunque recién salía de una enfermedad, parecía más fuerte que una piedra.
Los dejamos ahora con él.

Inicios y poesía

E: ¿Cómo empezó su deseo de escribir? ¿En qué momento de su vida?
LB: Yo tuve esta locura desde mi niñez. Porque a mí me gustaba mucho la palabra. Y después descubrí -leyendo, el trato con los amigos anarcos, los maestros que eran obreros, allá pues en Casagrande, en el campo- descubrí que para poder expresarse con elegancia, con claridad, con belleza había que leer mucho. Entonces me puse a leer. 

E: ¿Qué cosas leía?
LB: Comencé a leer toda clase de grandes historias. Entre ellas, por ejemplo, las Vidas paralelas de Plutarco, Las mil y una noches, todo lo que estaba al alcance de la mano y lo que nos alcanzaban los anarco-sindicalistas. También lo que a veces vendían en el suelo los vendedores. Y después, posteriormente, iba a Trujillo. De Casagrande a Trujillo, con mis amigos, que éramos ahí del mismo ambiente, la misma gallada, la misma collera. Nos íbamos a Trujillo a buscar libros. Y como nosotros éramos unos ignorantes analfabetos no sabíamos qué libros comprar. Entonces decíamos: “éste está bueno”, “oye mira, El sentido de la vida”. Después, “éste mira, El arte de hablar, éste es lo que busco, yo mismo soy, mi Biblia va a ser para mí”. El arte… es una obra del primer traductor de la Ilíada al idioma castellano, José Gómez Hermosilla. ¿Qué cosa era? Era historia de la literatura. Pero él le puso El arte… porque del verbo, de la oralidad, viene la literatura. En el principio es el verbo. La escritura es ya segundona. Es el registro de la palabra, de la palabra hablada, de la palabra oral. Entonces era pues un escritor, un profesor, un catedrático que tenía sus bemoles, sabía griego, sabía latín. Entonces en vez de ponerle Historia de la literatura, le puso El arte de hablar.

E: ¿Y usted estaba de acuerdo en eso de que la escritura es segundona? ¿A usted le parece?
LB: La escritura es segundona porque la escritura registra el verbo. Porque primero en la mente, tú tienes que hablar. Hablar mentalmente. Pero en el principio, dicen, fue el verbo. El hombre empezó primero a hablar. Aunque yo creo ahora que el hombre empezó primero a pintar y después a cantar, a bailar, a hacer música…

E: Y al final ya…
LB: Ya eso es lo más exquisito. Cuando llega a la quintaesencia es cuando viene la literatura. Es ya una conquista, como cuando el hombre descubre el fuego. Esa es ya, como quien dice, el fin, la salida del túnel.

E: ¿Por qué decidió publicar?
LB: Entré al ejército y ahí me conoció un abogado que era hermano de Federico Barreto. Mi capitán siempre decía: “yo tengo un poeta en mi cuadra. A ver, que lo traigan para que nos eche unas cuantas poesías”. Yo sabía de memoria mis poesías. Después Barreto me llama a un costado y me dice: “usted está perdiendo el tiempo acá, usted no debe quedarse. Yo te voy a sacar”. Era asesor legal del regimiento tres de caballería. Cuando yo fui a su casa a darle las gracias me dijo: “a ver échate unas poesías”. Estaba reunido con su familia que eran intelectuales, periodistas. El doctor Barreto me dijo: “te voy a mandar a Radio Nacional. Mi amigo es César Miró”. Fui y Miró me dijo “carajo, tienes porvenir, pero las palabras se las lleva el viento, hay que buscar la forma de cómo escribir, cómo publicar. Te voy a mandar con los hermanos Falcón. Ellos van a sacar una revista por estos días”. Y eran gente de izquierda, progresistas, habían sido amigos de Mariátegui. Tomé la tarjetita y me fui donde ellos. La tarjeta decía: “aquí te mando a Leoncio Bueno, es un joven provinciano que tiene aspiraciones, te recomiendo el poema tal, que parece que tiene algo”. Y me publicaron, pues, en la revista Hora del hombre. Así tomé contacto. Luego me dijeron si podía escribir artículos y yo dije cómo no. Así entré al Partido Comunista, porque esa gente lo era. Y me incorporaron al periódico del partido que se llamaba Democracia y trabajo. Fue entonces que tomé contacto con intelectuales como Manuel Moreno Jimeno, con Arguedas.

E: Y eso, ¿en qué año fue?
LB: Estamos hablando del año 43, cuando empiezan a publicarse mis textos; agosto de 1943 que es cuando sale el primer número de Hora del hombre. Después, por supuesto, me peleo con el Partido Comunista y me expulsan. Formo mi grupo trotskista y sacamos el periódico Revolución. Yo conocí a los Del Prado, como Julito Del Prado y Blanca Del Prado. Les gustaba mucho escribir poemas. Y dicen que Stalin, Mao y el Duce Mussolini también escribían poemas. Entonces escribir poemas se ha convertido en un hobbie, en una especie de pendejada para jalar algo. Se ha desprestigiado totalmente, por eso cuando le decían a Martín Adán: ¡poeta!, respondía: ¿poeta? Creía que le estaban tomando el pelo. Poeta es cualquiera ahora, imprimes una plaqueta y listo.

Los poetas peruanos

E: ¿Cómo entiende usted la poesía? ¿Qué poetas peruanos rescataría?
LB: La poesía no es solamente un oficio, es un don que tienes que demostrar haciendo textos que digan algo nuevo, que muestren un manejo muy especial y singular del idioma. Algo que sea trascendente. Alcanzar eso no lo hace cualquiera, porque además de tener el don tienes que estudiar. Tienes que conocer la literatura de todos los tiempos. No es cuestión de improvisar. Debemos conocer la técnica, la gramática del idioma, para hacer un aporte. Es como encontrar una pepa. Te mandan a un río a sacar pepitas de oro, estás un mes ahí buscando y encuentras una pepita. Igual sucede con la poesía. Para que encuentres una valiosa, debes gastar resmas de papel. Por ahí sobrevive un poema. Por eso solamente digo que escribo textos, porque tengo la tendencia de querer expresar mis ideas, mis sueños, mis revelaciones, cómo veo el mundo, quiero dar una idea diferente. Y tengo que escribir con mi propio lenguaje, de acuerdo a mi persona. Si llego a ser un poeta, si alguna cosa vale, lo dirá el tiempo. Primero tengo que morirme, luego tienen que pasar unos diez años. En vida es imposible… Los poetas recordados son Vallejo, Eguren, Westphalen, Martín Adán, César Moro, Eielson, un poquito de Romualdo. Pero después de un poeta tan grande como Manuel Moreno Jimeno o como Rafael Méndez Dorich, nadie se acuerda, porque nunca pulularon por los medios.

E: Usted ha conocido a los poetas del setenta, en especial a la gente de Hora Zero. ¿Qué opinión tiene de ellos?
LB: Fue un intento propagandístico, porque siempre ha habido jóvenes con afán de llamar la atención… Como nadie les daba bola… Los de Hora Zero leyeron algo del movimiento de Tristan Tzara, del movimiento surrealista, algo de los futuristas  y quisieron repetir eso para llamar la atención. Pero eso no quiere decir, pues, que eran buenos poetas. Han acertado por ahí, por ejemplo de Pimentel me gusta su poema dedicado al caballo…

E: ¿Tulio Mora?
LB: De Tulio Mora no me gusta nada. Ése es más intelectual que poeta. Sirve más para hacer estudios, es muy inteligente. Yo los conocí cuando tenían 18 o  20 años e iban a mi taller. Yo los llevé para que hagan un recital en el local del FOCEP. Yo digo que ellos quisieron repetir ese acto de rebelión para poder reivindicar la libertad y acabar con las argollas, que son terribles, hasta que ellos se convirtieron en una argolla (risas). Después Pimentel fue el Dios –hasta ahora lo sigue siendo- y su primer sacerdote, su San Pedro es…

E: ¿Verástegui…?
LB: No, es Tulio Mora. Verástegui está dedicado a los tragos, está totalmente aparte. A Verástegui le dijeron que era un genio por joderlo, demasiado temprano le dieron cabida. Si tú lanzas un libro, ven que tienes talento y te dicen: “acá está el hombre de la década” como dice Gonzáles Vigil. En lugar de hacerte un bien te joden, es mejor que te digan: está bien o, como intento, hay algo. Porque si te dicen que eres lo máximo…

E: Y uno se la cree…
LB: Generalmente uno se la cree porque se es joven. Después te das de cara con la realidad. Es como cuando uno quiere ser médico, tienes que estudiar y sacarte la mugre; peor si quieres ser violinista o pianista. La poesía es más difícil que eso porque no es un arte manual, es completamente abstracta, es puro pensamiento, sentimiento, metafísica, es indefinible. Es lo único que le da belleza, valor a la vida. De hecho, es mucho más difícil. Como dijo Goethe: el arte es largo; la vida, breve. Lo más difícil es el arte, tanto para la música, la pintura, la escultura, la arquitectura; como la poesía que, dicen, está por encima del arte. No hace falta en ella la destreza. Lo que más admiraban los antiguos hindúes era la destreza. Si tenías una habilidad no importaba nada más, sólo tenías que educarla.
Sin embargo, nosotros los seres humanos tenemos esa tendencia de rendir culto a la personalidad. Se olvida de qué es la música o la poesía, ves al hombre y quedas preso, cautivo de la personalidad del individuo. Tanto en política, como en arte o literatura. Por ejemplo, Vargas Llosa escribió en los primeros años tres o cuatro libros y se acabó, lo demás ya es negocio. Lo mismo García Márquez. 

La migración y Comas

E: Quisiéramos que nos cuente un poco cómo fue ese paso de migrar hacia Lima, lo de Comas, desde La Libertad hasta acá.
LB: Bueno, como todo soñador, como todo ambicioso, loco, vanidoso e ignorante; uno está siempre buscando la capital. Porque uno cree que en su pueblito de mierda, donde uno vive con los burros, los animales, tirando pico y lampa o cortando caña, no va a llegar ser algo. Porque todos queremos llegar a ser algo en la vida. Todos creemos, si tenemos un poco de inteligencia, aunque sea un adarme, creemos que hemos nacido para cumplir un rol…

E: Trascendente…
LB: Trascendente… Esa es la palabra. Entonces, ¿qué hago yo acá?, me decía. Yo me vine a Lima porque quería ser un hombre de letras.

E: ¿En qué año usted vino a Lima?
LB: En el 39. Ya había cumplido en el viaje los 19 años.

E: ¿Y cuando usted llegó, ya había otras poblaciones migrantes?
LB: En la época en que yo vine solamente había ese impulso, ese sueño, esa fantasía, de venir a la capital. Porque en ese tiempo se venía incluso por barco, no existía la carretera panamericana. Los del norte tampoco teníamos la facilidad que tiene la gente de la sierra, que tienen el tren. También se podía llegar con un ómnibus, camión, pero ese tenía que traer cualquier cantidad de tablas, todo, porque no había pues carretera, eran pampas, arenales. Cinco días nos demoramos para llegar acá, a Lima. Allá yo me sentía un escritor, un intelectual, ya no era peón, había ascendido a ser aceitador de trapiche y ya ganaba un sol veinte. Mi maestro me decía: “ya puedes sacar mujer”. Entonces yo podía haber seguido viviendo ahí, feliz de la vida, hubiera sacado mi mujer, hubiera tenido diez o doce hijos, cuántos nietos… “Pero no, yo tengo que ser escritor”, me decía. Había leído a los autores que me habían impactado.  

E: Se fue a Comas. ¿Cómo era?
LB: Por los años sesenta me fui a la pampa de Comas, de invasión, para tener un terreno en un lugar donde no hay ni lagartijas, ni escorpiones. Fui con mi barreta a cavar un hueco y hacer mi casa. Porque yo nunca iba a adular a nadie para conseguir un departamentito decente (risas). Eso de… el discreto encanto de la burguesía (nuevas risas).

E: Así que irse al sitio y armar algo. Más bien el poema, el Wayno de Comas…
LB: ¡Claro!, yo canté eso en la Guerra de los runas. Me sirvió eso de ir a vivir a Comas, estar con mi gente y fundar, porque yo soy fundador…

E: Nos gusta mucho el último verso: “no teníamos agua para beber / pero sembramos árboles”, es como que tiene que crear algo…
LB: Claro, yo sembré al toque un sauce. Mi mamá me dijo hay que sembrar un arbolito y tener un perrito, vivir como un campesino.

E: Es como que de la nada tenía que nacer algo.
LB: No había nada, era una pampa eriaza, teníamos que llevar el agua en camiones, venía el agua como oro en polvo…

E: Es como germinar. Es interesante porque está el centro del aparato que es Lima y ustedes al margen fundando, creando algo nuevo. Y eso va en consonancia con lo que usted dice…Además, el migrante puede elegir entre ingresar al sistema o irse adonde no hay nada y hacer algo.
LB: Esa fue la parte positiva de los migrantes. Los migrantes salieron de los callejones a buscar su libertad. Porque los callejones eran el único sitio donde se podía vivir. Era una cosa espantosa, no había agua, ni desagüe, ni luz, tenías un solo caño. En cambio si vas a la pampa de Comas, haces un pozo y ya está. Esa es la visión del hombre provinciano, pues. Él venía a hacer “la Lima”, y se ha hecho dueño de Lima. Ahora se cagó ya en Lima.

Universidad, “intelectuales” y actualidad

E: ¿Cuál es su opinión respecto a los intelectuales, a la universidad, respecto de aquellos que de alguna forma definen quién es un poeta, quién no y que se prestan para lo que usted llama “la trenza”?
LB: Bueno, mi opinión no es muy favorable. La gente debería estudiar, muchas veces se hace algo, pero no se va a fondo, al fondo del pensamiento, de una obra. El mundo está en crisis, no solo desde el punto de vista económico, social, educativo, sino que está a punto de desaparecer a causa de la estupidez humana. ¿Y quiénes manejan el mundo? ¿No son los doctores, los señores universitarios? Dónde está la inteligencia, dónde están los prohombres, los paradigmas. Luis Jaime Cisneros es periodista, Szyszlo de vez en cuando dice algo, pero son meros discursos declarativos. En los hechos nada. Nunca se ha visto que la educación en el Perú esté como está, con el presupuesto reduciéndose cada vez más. ¿Cuántas universidades tiene el Perú? Noventa universidades. ¿Cuántos estudiantes tiene San Marcos? Treinta y cinco mil estudiantes. ¿Cuántos estudiantes tiene Alas Peruanas? Setenta mil. ¡Cómo puede ser eso! Que en una universidad Alas Peruanas puedas comprar un título como si fuera Azángaro. Eso es producto de la crisis, del estado de involución en el que vivimos. Hasta en los noticieros sólo encuentras crímenes… Estamos viviendo una época de devaluación, de vandalización, en el que la clase dominante no quiere que la gente piense, no quiere que estudie. A las universidades no se les paga. Hemos perdido valores, todo está cagado. Hay que volver a leer el Manifiesto Comunista que ya en 1848 decía que estaban en quiebra los valores. Los médicos, abogados, escritores y poetas se vendían, la burguesía los absorbía y los introducía en su banquete. Los poetas, los artistas, los intelectuales de las uniones, de las sociedades se quejan de que el estado no los protege: ¿qué cosa quieren, que el Estado los proteja como en Rusia, como Mao protegía a los artistas en China? Si el Estado nos protege, nos caga, nos castra, nos vuelve a todos maricones, rosquetes. Tenemos que destruir al Estado, destruirlo con la inteligencia. No necesitamos ponerle bombas como Abimael Guzmán. Hay cosas más efectivas que las bombas, que las balas, y es la palabra, el verbo, utilizado para defender la verdad.
Los discursos ahora son declarativos. Uno tiene que hablar, pero empezar por hacer. Lo importante no es decir, sino ser, demostrar con los hechos que la crítica no es sólo un discurso. Ahí tenemos al llamado socialismo del siglo XXI. Chávez y compañía se dan la gran vida. Es difícil ser consecuente, hay que renunciar a varias cosas, tener una vida ejemplar, coherente con lo que predicas. Si amas la belleza, la verdad, lo bueno, la solidaridad; debes vivir de otra manera. Del sistema agarrar lo justo porque no puedes andar calato. Tampoco puedes vivir con un puñado de arroz por tres días. Hay que ser, como decían los anarquistas, afilador, carpintero, tener todas las profesiones.

E: ¿Qué propone usted? ¿Qué hacer?
LB: Si el planeta está en crisis, si estamos involucionando biológicamente y hay gente que está tratando de arreglarlo, luchemos también por la inteligencia, luchemos por los valores, por la veracidad. Por qué basarnos en la mentira, en la ficción, por qué fabular demasiado. Deberían llamarles la atención a los poetas y decirles que dejen de engañar. Tenemos suficiente con Las mil y una noches, Jerusalén libertada, la Biblia. Ahora, por qué no escribimos algo nuevo que diga la verdad, por qué no hacemos de la verdad un credo, por qué no hablamos sobre las cosas que estamos conversando en este momento, sobre el retroceso de la inteligencia, sobre el aumento de la estupidez. Es importante hablar de esto, en la poesía, en la novela, en el ensayo, en la política. No se trata solamente de salvar al planeta, sino también a la humanidad, al ser humano. Por ese lado hay que trabajar y escribir... Tenemos todo un mundo por denunciar, en prosa y en poesía, porque la poesía es otra forma de expresión. El poeta ya no debe decir mentiras. Si Juan Leonardo de Argensola en el año de 1616, más o menos, dijo: “porque ese cielo azul que todos vemos ni es cielo, ni es azul. ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!” Eso lo dijo en la época de la Inquisición. La poesía tiene una forma de decir la verdad, acabar con la mentira, de poner fin a la ficción. Por eso estamos jodidos, por no querer afrontar la realidad. ¿Quién tiene la culpa de eso? Los poetas. Al poeta, a ese señor hay que decirle hasta aquí nomás, porque la situación está muy jodida. Ya no estamos en el País de Jauja. Pero nosotros seguimos pensando que vivimos en esa época, vivimos engañados por la prensa, la religión, el Estado y eso de orden y familia… Estas cosas son importantes, debemos tenerlas en la mente para seguir la línea de los pocos sabios que en el mundo han sido. Fray Luis de León dijo: “qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruido / y sigue la escondida senda por do han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido”. Lo está diciendo una vez más, pero en poesía. Si uno quiere encontrar la sabiduría debemos buscarla en la soledad, en el retiro.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Del Facebook, el consumismo y otras adicciones.

Por: Bruno Yika Zapata


Presten atención a los siguientes casos:

Caso N° 01: Una chica que conozco suele entrar al Facebook desde su blackberry y poner en su muro el “estado” emocional en el cual se encuentra en ese momento. Diariamente ella cambia su “estado” unas cinco o seis veces. Antes de que ella haga eso, habrá recibido entre tres o cuatros comentarios diciéndole “estamos contigo” o “¿Quién es el hombre misterioso del cual hablas?”. Y así sucesivamente está chica cuelga en su Face, cual vitrina, una serie de fotos de los lugares donde ha estado y de la gente con la que ha compartido experiencias no virtuales.

Caso N° 02: Estoy parado al lado de un conocido centro comercial y observo a muchos adolescentes y jóvenes que caminan en grupo, casi nunca solos. Muchos de ellos se muestran felices y hasta orgullosos de mostrar la moda más chic que sus padres les pueden comprar; despreocupados de la vida y buscando la última tendencia del teenage dream. Cosa curiosa, en centros comerciales de este tipo no existen bancas donde las personas puedan sentarse a conversar, las únicas que existen se encuentran a la salida, como para descansar de la travesía libertaria consumista.

Caso N° 03: Un grupo de chicas sale alegremente de una prestigiosa universidad particular. Ellas se dirigen a un restaurante donde sólo venden comida light. Mientras van al restaurante observan cómo un camión cisterna riega los pastos que se encuentran en la berma central de la pista con aguas tratadas. Una de estas chicas le dice a la amiga que se encuentra al lado suyo: “¿Porqué riegan el pasto con esa agua? ¡¡No ven que está cochina!!”. El grupo de chicas se ríe y continúa su recorrido.


Los tres casos mostrados son el reflejo de una tendencia juvenil, no necesariamente local, peruana o limeña. Por el contrario, es una tendencia global, la cual está orientada a proponer estilos de vida basados en ciertos patrones de consumo, los mismos que buscan convertir, a la larga, a los propios seres humanos en mercancía y, como tal, en objetos que una vez usados se desechan o se renuevan.

Lo que más importa no es saber si el uso de las aguas tratadas contribuye al ahorro del agua potable, un bien de por sí escaso, sino más bien estar a la moda y tener un régimen alimenticio que permita estar según las últimas tendencias publicitarias, tal como aquellos modelos que aparecen en las revistas de las tiendas por departamento.

En un mundo donde se suele vivir el momento, lo instantáneo o la fugacidad, las antiguas formas de establecer los vínculos humanos son reemplazadas por nuevos mecanismos de socialización, como por ejemplo el uso indiscriminado de ciertas redes sociales o la compra compulsiva de ciertos productos que la publicidad nos vende para que aparentemente saciemos nuestro placer, un placer que antes era cubierto por las relaciones duraderas que se establecían entre las personas.

Al respecto, Zigmunt Bauman en su interesantísimo libro “Amor líquido” (2010)[1], menciona: “El advenimiento de la proximidad virtual hace de las conexiones humanas algo a la vez más habitual y superficial, más intenso y más breve. Las conexiones suelen ser demasiado superficiales y breves como para llegar a ser un vínculo” (p.87).

¿Hacia dónde vamos? ¿Qué necesidad existe por destacar lo externo de las apariencias? Las redes sociales ¿son una nueva forma de establecer vínculos afectivos o simplemente “conexiones” que intentan suplir muchas de las angustias, frustraciones o carencias afectivas que vivimos en el mundo real?

Espero que este artículo ayude a propiciar estas interrogantes en sus lectores.




[1] Bauman, Zigmunt. 2010. Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica. México

lunes, 7 de marzo de 2011

Manifiesto (léase Línea Editorial)

La oferta de medios en la actualidad restringen la difusión del conocimiento y la cultura solo a una élite privilegiada. Se asume que la tarea cultural es exclusividad del Estado y se olvida que, aun cuando lo cumpliera efectivamente, tendría un tinte ideológico innegable. Las posibilidades del poblador promedio peruano de acceder a información plural son limitadas. Esto se explica, en parte, por el desinterés del Estado, pero también por la desidia  de jóvenes académicos que no han asumido plenamente su rol social. Jóvenes académicos que deberían crear lazos de intercambio (recíproco y horizontal) con los sectores populares.
Queremos asumir esa tarea sin el riesgo de autoproclamarnos la vanguardia. La reflexión, el análisis, la critica y el afán de crear propuestas nos alientan en esta tarea.  No es esta una pretensión soberbia, sino más bien la aspiración a que la utopía que perseguimos pueda ser, en el mundo, una posibilidad concreta. El camino es largo pero está tejido de sueños y en pos de ellos avanzamos.