lunes, 13 de febrero de 2012

Fenómenos Contemporáneos. 2 conceptos básicos en el arte actual



Por: Naná Lavalle E.

Es gracias a Rebeca que me he decido a revisar este tema tan bien entendido por los estudiosos de los fenómenos que la contemporaneidad artística peruana de los últimos 40 años nos ofrece. Ella - para mi suerte, una gran amiga -  es una brillante joven chilena que cursa una maestría en Estética en París y que llegó al Perú a llenarse de información para redactar lo que será su memoria de culminación de posgrado. Vino a mirar de cerca conceptos que muchos tenemos ya aprendidos como si fuera la tabla periódica, pero que en su reformulación y comentario nos arrojan nuevas reflexiones acerca de ese corpus artístico moderno, que se encuentra en constante movimiento. Es una buena cantidad de temas los que iremos desglosando a lo largo de estas fatigadas columnas. El vacío museal y la museotopía, bajo las reflexiones de Gustavo Buntinx, son básicos para el entendimiento de lo gestado por diferentes organizaciones de ingeniería museológica, que desde fines de los ochenta vienen trabajando, pero que alcanzan un punto álgido a inicios del nuevo siglo.
Para hablar de ambos conceptos, bastante ligados entre sí, es importante entender al arte – dígase, producto artístico- como resultado de una actividad social, inserto en un contexto y en una realidad específica. Buntinx explica cómo el desarrollo tecnológico homogeniza y estandariza la producción y, de ese modo, la evolución resulta ser una mutación que mantiene la idea pero diversifica sus medio de materialización. Así se gestan lugares paralelos, moldeados a la realidad artística que buscan representar y que logran llenar los espacios que las políticas culturales de las instituciones desatiende.
Es en esa desatención que se explora el concepto de vacío museal como la falta de espacio institucional para la exhibición permanente del arte moderno desarrollado desde la década del setenta en nuestro país. Nace entonces, en los ochentas, la idea del museo inmaterial pero residente en su propio contexto y presto a cumplir las labores museológicas que la institucionalidad se ha negado o ha sido incapaz de sostener. La vida pública del arte estaba entonces completamente asimilada al formato galerístico, que si bien ayuda a la difusión y es pieza clave para el comercio, no estudia la fenomenología ni hace retórica en la historia del arte de su tiempo.  Museotopía, un museo utópico, un espacio inexistente-existente que exhibe  y estudia, que se sirve de los espacios institucionales que se brindan, que financia, que gestiona, que publica, que es un museo todo terreno en un escritorio y frente a un teléfono; que en nuestro tiempo constituye industrias culturales frente a un computador, porque la modernidad nos hace mutar hacia nuevas formas sin perder la intencionalidad.
Industrias culturales. Si. Es justo hablar de industrias que producen arte de forma integrada. No sólo proyectos de galería, sino también de investigación y publicación, análisis, teoría y crítica. Y el mejor ejemplo de este trabajo en nuestro medio es el de Micromuseo "Al fondo hay sitio" que trabaja bajo la dirección de Buntinx, autodenominado “chofer” que dirige esta maquinaria de museo nómada desde inicios de los noventa y cuyas ejecuciones en el ejercicio artístico han sido ininterrumpidas. Desde mi experiencia como estudiante de historia del arte, habitante del mundo paralelo de las galerías y consumidora de libros y fotocopias, este equipo con sus propuestas ha sido de los más influyentes en la estética oficial peruana de los últimos años, elevando lo no oficial – productos culturales – a un espacio de exhibición y debate, tomando temas diversos que vinculan las piezas de arte con su contexto o materializándolas a través de la recopilación y archivo de objetos museables, llevando las investigaciones al plano visual, lo que marca una línea de trabajo compleja pero que caracteriza el rol innovador en su apuesta.

Y la pregunta ahora es ¿se superó el vacío museal? No se puede afirmar esto categóricamente. Se pueden exponer dos casos de salas que se han aperturado recientemente y han sido pensados íntegramente para la exhibición permanente de arte contemporáneo. El Museo de Arte Contemporáneo de Lima (MAC) que sufrió, paradójicamente, la problemática de ser un museo inexistente, que gozaba de una colección y de un patronato, pero cuya construcción no se ha concretado sino hasta el mes de diciembre del año pasado por una serie de juicios entablados con la Municipalidad de Barranco por la tenencia del terreno en el que se ubica, y que ha desatado una serie de apasionamientos e imputaciones por parte de un amplio grupo de artistas que donaron obras para su colección y subasta. Se configuró todo un fantasma que estalló en los medios de comunicación hace algunos años. En la actualidad, está exhibiendo en dos ambientes parte de su colección contemporánea, cuya curaduría ha recaído en Élida Román. Las salas resultan ser la mínima expresión de lo planificado en el tour virtual por el “futuro museo” que se ofrece en su página web y, por su historial, podemos afirmar que este valiosísimo espacio seguirá configurándose de a pocos.


El otro caso que ha resultado bastante importante es la sorprendente inauguración de la Gran Muestra Permanente de Arte Contemporáneo en las salas de exposición permanente del Museo de Arte de San Marcos el pasado 9 de noviembre del 2011. Y lo califico como sorprendente, porque siendo una institución que maneja un limitado presupuesto ha sabido entregarnos una formidable colección tras poner en marcha un programa de donaciones con la que lograron llenar importantes vacíos. La sala incluye alrededor de 170 obras entre pinturas, esculturas y géneros  variados, basándose en ejes temáticos que nos permiten entender los cambios estéticos y las corrientes artísticas en sus bien desarrollados contextos, bajo la curaduría de Kate Cabezas y Karina Curillo. Ellos demuestran, tras la visita de la sala, un trabajo impecable  de gestión y museografía. Existe un pero, si, y es haber perdido la posibilidad de presentar algún proyecto que pueda exponerse en un espacio de galería tan bueno como el de las salas que ahora contienen la colección.
Estos dos ejemplos nos ayudan, desde diversas perspectivas, a entender el camino que se va configurando en pro de espacios concretos para el arte actual. No quiere decir que el concepto de museotopías desaparezca cuando existan, de manera efectiva, los espacios institucionales pertinentes. Nada de eso. Debemos volver siempre al tema de la mutación, a ese vuelco que la modernidad nos ofrece para seguir con la materialización que la escena contemporánea exige.

lunes, 6 de febrero de 2012

EL RONSOCO ILUSTRADO - Columna

El APRA y el MOVADEF, caminos paralelos

Por Javier Garvich


Para entender la ola de intolerancia, fanatismo y revancha permanente que se ha desatado a partir de la iniciativa de inscripción del MOVADEF en el registro electoral; tenemos que hacer un poco de historia y recordar que en el Perú el consenso y el sentido común no son acciones habituales en nuestras clases dirigentes. Ellas siempre han sido más propensas al conservadurismo más cerril.
En 1932 un antiguo líder estudiantil encabeza un frente progresista llamado APRA que, en sus orígenes, tenía un ideario reformista, antiimperialista y latinoamericanista (hoy diríamos: bolivariano). Victor Raúl Haya de la Torre postula a las elecciones levantando las banderas de la reforma agraria y la nacionalización de tierras e industrias. Haya de la Torre ya había roto puentes con el comunismo y sus tesis no pasaban de ser un programa socialdemócrata, muy ligado al México posrevolucionario, con ciertos guiños a la estética fascista y con un discurso atractivo a las clases medias y a nuestra intelectualidad criolla. Incluso el embajador norteamericano, al entrevistarse con el joven político, quedó encantado con las maneras políticas de este “pichón de cóndor” como lo motejó Vallejo una década antes.
Pero para la oligarquía peruana y sus perros guardianes (léase, nuestras fuerzas armadas) el aprismo resultaba un demonio político al que se debía exorcizar y enterrar. No solamente terminaron apoyando la candidatura de Sánchez Cerro sino que colaboraron con operaciones de fraude electoral en algunas provincias para que el militar ganara las primeras elecciones masivas del siglo XX. Como si fuera poco, Sánchez Cerro aplica un “autogolpe” (sí, Fujimori no fue el primero en perpetrar ese estilo) para gobernar derogando garantías y libertades políticas.
Haya de la Torre, que se alucinaba un Lenin tercermundista, propició la vía insurreccional como respuesta a las mañas de la clase dominante. La revolución estalló en Trujillo, se capturó un cuartel militar  y  se asesinaron casi 30 personas entre policías y oficiales del ejército. La represión no se hizo esperar: bombardeo aéreo, tropas desembarcadas que se desplegaron como si el enemigo fuera Chile o Ecuador, fusilamientos en descampado, tiros en la nuca y fosas comunes en los aledaños de las ruinas de Chan-Chan. Luego, la persecución y el martirologio de militantes apristas en todo el país. Éstos, no se quedaron atrás y respondieron con alzamientos, ocupaciones de pueblos, atentados terroristas y asesinatos selectivos (liquidaron al director de El Comercio y al propio Sánchez Cerro). Para mediados de los años cuarenta, posiblemente más de cinco mil peruanos (la mayoría, afiliados al aprismo) fueron fusilados extraoficialmente y otros miles languidecían en las cárceles del Estado. Ciro Alegría fue uno de ellos, hasta su deportación a Chile.
Haya de la Torre –quien no tenía precisamente alma de mártir- se dio cuenta que con la lucha armada no llegaba a ningún sitio y empezó a abandonar sus antiguos principios al tiempo que consolidaba contactos con sectores de la clase política para formar frentes y nuevos consensos. Se alió a personalidades de pensamiento liberal, de ideologías centristas y que creían en un reformismo democrático.
Pero ni la oligarquía dominante ni mucho menos las Fuerzas Armadas quisieron aceptar este nuevo discurso. Los militares tenían una deuda de sangre con el aprismo que duró casi medio siglo. Así, de nada sirvió que los apristas se parapetaran en la candidatura de un socialdemócrata humanista (Luis Antonio Eguiguren). La pituquería no quería ver al aprismo ni en pintura y el general parafascista Oscar R. Benavides anuló la victoria electoral de Eguiguren sin asco ni pena. Tiempo después Haya de la Torre negoció con su perseguidor (sí, el mismo Benavides) para que un jurista liberal (José Luis Bustamante y Rivero) encabezara un frente común. Esta vez ganaron, pero los apristas abusaron demasiado de ese espacio legal y su pésima conducta (asesinatos por venganza, corrupción en la distribución de alimentos, chantaje político al gobierno) terminó por propiciar el golpe del general Odría y un nuevo periodo de persecución y clandestinaje.
Pero, haciendo de tripas corazón, el aprismo negocia nuevamente con sus perseguidores para poder obtener su legalización. Primero coquetea con el candidato odriísta (Lavalle, un abogado corrupto) hasta que el oligarca Manuel Prado regresa de Miami con un cheque en blanco –literalmente- a Haya de la Torre para que apoye su candidatura. Haya atraca y, cuando es elegido Prado, el Apra es legalizado de forma  definitiva. Veinticinco años después, el Apra ya formaba parte del stablishment político peruano.
Pero eso no le sirvió de mucho. En 1962 Haya de la Torre gana por los pelos las elecciones. Pero un golpe militar se pone de por medio. Para ese entonces, Haya ya había pactado una serie de concesiones ideológicas y programáticas, se había vuelto rabiosamente anticomunista y se ufanaba de sus nuevas amistades pitucas. No sirvió de nada, las fuerzas armadas no querían ver en el gobierno a un asesino de oficiales.
El socialcristiano Belaúnde gana las siguientes elecciones y Haya le hace oposición aliándose, una vez más,  con sus antiguos perseguidores (los odriístas) para impedir que Belaúnde haga realidad los antiguos programas apristas (la reforma agraria, por ejemplo). El anticomunismo fanático del aprismo tampoco termina de convencer a los militares y más bien causa desconfianza (la desconfianza de alguien que cambia sus principios y posiciones una y otra vez). El golpe de Velasco de 1968 fue también un golpe para evitar que Haya de la Torre se saliera con su gusto de ser presidente aunque sea amancebado por conservadores,  terratenientes y oligarcas.
Los apristas vuelven al ruedo participando en las intrigas por derrocar a Velasco (quien hizo realidad buena parte de las demandas apristas de los años treinta). Lo consiguen. Y cuando la dictadura de Morales Bermúdez se agota ante la presión popular, se apoya en el aprismo para iniciar un ordenado recambio civil. Haya de la Torre se convierte en el presidente de la Asamblea Constituyente de 1979: es su primer y único cargo legal. Muere antes de la campaña electoral de 1980.
El aprismo llega al poder, finalmente, en 1985 con la candidatura carismática de Alan García, carisma que se derretiría ante uno de los peores gobiernos que tuvimos en toda nuestra historia republicana. La oposición al aprismo por parte de nuestra clase dominante y de las fuerzas armadas duró casi cincuenta años. Y eso que hablábamos de una socialdemocracia criolla que, con el tiempo, no tuvo complejos en cambiarse sucesivamente de chaqueta. El Sistema quería que, por lo menos, Haya de la Torre no solamente abjurara públicamente de sus principios (lo hizo a medias y con la boca chiquita en sus ensayos) sino que además declarara un arrepentimiento por los usos violentos que su partido hizo en los años treinta y cuarenta. Esto último Haya no lo hizo. Y pagó por no darles el gusto a nuestros empresarios y generalitos.

¿A dónde quiero ir? Pues que el MOVADEF, heredero político de la guerrilla maoísta de los años ochenta, tragará obligatoriamente lo mismo que tragaron los apristas durante años. El MOVADEF podrá ahora defender el sistema democrático liberal, podrá buscar líderes carismáticos que lo cobijen, podrá buscar alianzas contra natura -¿el MOVADEF apoyará alguna vez al fujimorismo para liberar al antiguo dictador como moneda de cambio de excarcelar a su líder?- podrá cambiar su ideario explícito y perpetrar pactos con lo más tóxico del panorama político nacional. Y aún así, la aprobación del Sistema tardará mucho, muchísimo tiempo. Y eso de que las fuerzas armadas toleren a un ex guerrillero congresista (algo que ha sucedido sin problemas en Brasil y Uruguay) acá significará un período de muchos más años. Nuestras deudas de sangre son bastante más terribles. La cerrilidad del Sistema, acá tiene más apoyos y bendiciones que nunca.
Lo mejor que le puede pasar al Sistema es que el MOVADEF entre al circuito de partidos políticos, se contamine en sus maniobras y cubileteos y tácitamente señale que la vía violenta haya desaparecido en este nuevo siglo. Pero eso es sentido común: Algo inexistente entre nuestra fauna política,  nuestros medios vendidos y la excéntrica vanidad de nuestra regia clase dominante.
Bienvenidos todos a nuestra democracia. Todos, excepto el MOVADEF.

jueves, 2 de febrero de 2012

El malvado huye sin que nadie lo persiga


Por: Lenin Pantoja Torres
La última película de los hermanos Cohen, Temple de acero (True grit, 2011), ha sido incluida, con justicia, dentro de los ranking de las mejores películas del año pasado. Sus cualidades pueden ser muchas, pero lo que singulariza al resultado del filme es la osada forma de proponer la historia, de concebir el papel de cada uno de los personajes, de enfrentar hábilmente psicologías contradictorias y en constante tensión, a lo largo de la trama. Esta segunda adaptación cinematográfica de la clásica novela norteamericana de Charles Portis se inscribe dentro del western norteamericano, y lo que más destaca es la forma cómo los Cohen desafían la estructura del género a través de la inclusión de un personaje ajeno al mundo del lejano oeste: una niña. En este sentido, la película no posee un resultado extraordinario, pero tiene todo lo necesario para ser considerada una buena película.
La historia inicia con una cita de Proverbios 28:1 que dice “El malvado huye sin que nadie lo persiga”. Esta oración encapsula la esencia de la película, de esta forma, por demás está decir que la cita es del todo pertinente ya que cumple un papel presentador y condensador de la trama antes de escuchar la voz en off de la narradora-protagonista que dará inicio a las acciones. Precisamente, la película está narrada por Matti Ross adulta (Elizabeth Marvel) que, a través de un flashback, recuerda todo lo que pasó hace años atrás cuando ella volvió al Fuerte Smith para vengar la muerte de su padre, Frank Ross, a manos de Tom Chaney (Josh Brolin). La trama es sencilla, nada desmesurada ni pretensiosa, pues cuenta cómo la niña de catorce años, Matti Ross (Hailee Steinfeld), contrata al alguacil federal Rooster Cogburn (Jeff Bridges) para capturar a Tom Chaney y hacer justicia, de ser necesario, con sus propias manos. En la búsqueda se les unirá el Ranger de Texas LaBoeuf (Matt Damon), quien pretende cobrar una recompensa ya que Chaney asesinó a un senador en Texas. De esta forma, cada uno con una idea distinta pero con el mismo objetivo, los tres partirán por todo el oeste norteamericano enfrentándose a los peligros que el futuro les depare.
No hay una clara preocupación por el cómo contar la historia. Salvo el inicial flashback, no hay mayores acrobacias estructurales en la película. Y esto responde a que la atención está centrada en el qué se cuenta, lo que provoca que el espectador pueda detenerse, con mayor comodidad, en reflexionar sobre el papel que cumple cada personaje dentro de la trama general. Por eso, y como ya advertimos, desde un inicio nos percatamos de que algo pasa en la forma cómo los Cohen conciben el western ya que el más fuerte e inteligente no es necesariamente un hombre, sino una mujer, la niña que motiva el desarrollo de la película, la que busca a Chaney: Matti Ross. Es cierto que ella no protagoniza grandes batallas sobre su pequeño poni negro ni maneja magistralmente la Colt de su padre, pero también es cierto que ella es la caja de resonancia donde confluyen o hacia donde se dirigen todas las acciones y decisiones de sus dos compañeros: Cogburn y LaBoeuf. La forma cómo impresiona la inteligencia y osadía de la pequeña Matti logra captar la atención de los dos hombres que la acompañan. De pronto todo cambia: ya no solo se busca capturar a Chaney, sino también se pretende demostrar quién es el más hábil y apto para lograrlo. Basta recordar las constantes discusiones o la competencia de tiro que protagonizan ambos personajes en medio del llano y en frente de Matti.
Resulta importante la relación que se establece entre Cogburn y LaBoeuf. Entre ambos hay una constante tensión basada en la rivalidad y el respeto. Ambos vienen de dos mundos parecidos pero con diferencias marcadas. Ambos sirven a la ley, pero de forma distinta. No olvidemos que uno es un Ranger de Texas y el otro, un viejo federal. Desde el inicio hay una tensión basada en la procedencia de cada uno. Sin embargo, esta rivalidad no puede ser entendida sin el respeto implícito existente entre ambos. Y es natural que sea implícito porque sería inconcebible o inverosímil que lo muestren de forma concreta. Asimismo, este respeto se basa en lo que cada uno no posee del otro. Pero, claro, jamás ninguno de los dos va a aceptar cierta subordinación frente al otro. Tampoco hay que olvidar que esta constante tensión rivalidad-respeto encuentra su punto de origen y lugar de atención en Matti, ella hace las veces de espectador y árbitro del juego, sin ella la estructura reglamentaria se desvanecería y desaparecería todo, ella ha provocado la unión y solo su decisión la puede romper. Por eso es que cuando todos pensamos que LaBoeuf se ha marchado, luego de perder el último rastro de Chaney, él vuelve a aparecer para liberar a Matti de las manos del asesino de su padre.
Una película que enfrenta polos opuestos de forma tan clara, a veces, cae en facilismos o lugares comunes. Es inevitable saber quién es el bueno y quién el malo. Cuando aparece Chaney, él está integrado al grupo de forajidos liderados por Lucky Ned Pepper (Barry Pepper). Ahora, ¿por qué Lucky Ned permite que Chaney se acople a él?, ¿qué gana y qué pierde con esta decisión? Aparentemente Chaney solo le trae problemas a Ned, sin embargo, este sabe que un hombre siempre es útil, pero cuando lo útil se convierte en peligroso lo mejor es eliminarlo, lo cual hace al pactar con Cogburn y dejar a Chaney con Matti. Precisamente, Ned es un caso pendiente de la ley federal, por eso Cogburn ve posible acabar con él y, de esta forma, terminar dos trabajos en uno. Volviendo a la idea inicial, Ned representa al delito y Cogburn a la ley. El momento en que ambos de enfrentan en el llano, al pie de la montaña desde donde LaBoeuf y Matti observan todo, es el más atractivo desde el punto de vista de la acción. Cogburn sale victorioso luego de una inesperada ayuda que LaBoeuf le brinda, lo cual hace que el respeto entre ambos se acentúe y exteriorice cuando se ven por última vez en la película. Pero a pesar de que todo es emocionante, el final de la escena del encuentro entre la ley y el delito resulta convencional, incluso uno puede predecir lo que ocurrirá.
El inicio, el desarrollo y el desenlace de la película está acompañado de una impecable fotografía y de una banda sonora acorde con el ritmo de las escenas que se van desenvolviendo. La cabalgata de Cogburn auxiliando a Matti es la mejor prueba de una exquisita preocupación en estos dos importantes componentes de la película. Se logra transmitir lo que sienten los personajes: la preocupación, a su manera, de Cogburn y el delirio agonizante de Matti. Asimismo, el sonido de los cascos del poni negro al galopar muestra toda la fuerza que pone en este momento límite. Sin duda, de lo mejor en la película. Por otro lado, tratándose de un filme que se desarrolla en el oeste norteamericano, la importancia de los espacios es gravitante y, sin descuidar esto, la fotografía ha captado muchos de los momentos en que era necesario evidenciar la fuerza  amenazante que implica transitar por terrenos extremadamente peligrosos no solo por su naturaleza sino también por lo impredecible de las presencias expectantes en cada momento. Recordemos que los personajes siempre permanecen alertas ante la aparición de alguien que les pueda hacer daño.
¿Cuál es el tema más importante en la película? Quizá esta pregunta no sea la correcta, quizá la importancia va por otro lado. Considerando el papel de ciertos personajes dentro de la historia, una mejor pregunta es: ¿qué motiva a Matti Ross a buscar al asesino de su padre?, ¿la venganza o la justicia?, esta duda final es el motor de la película, lo que hace que todo se mueva, que las acciones se desenvuelvan una tras otra. Matti nunca desiste de buscar a Chaney. Incluso en los momentos en que ya no hay ningún rastro, ella no se da por vencida, trata de amoldar la adversidad a su propia disposición. Su perseverancia se condice con su decisión de hacer las cosas a su manera, de la forma en que ella pueda vengar la muerte de su padre, pero siempre usando la ley a su favor y antojo. No olvidemos que siempre saca a relucir alguna disposición legal que la favorezca en los momentos más peligrosos. Por esto, para Matti la justicia es el significante del contenido venganza, no hay otra cosa en su mente, todo está muy claro. Para Cogburn y LaBoeuf, justicia también tiene su propio significado, pero esto no es tan relevante porque al final lo que ellos hacen es amoldarse a la lógica tradicional del oeste americano de finales del siglo XIX. Ellos no sorprenden en sus intenciones, Matti sí.
La forma cómo están organizados los temas complejizan la reflexión en torno a la película. Matti tiene como origen de su disposición una osadía juvenil y una testarudez infantil. Según la lógica de la época, en vez de estar en casa ayudando a su mamá, ella está buscando la muerte para un forajido. También es importante mencionar el compañerismo y el respeto que finalmente se establece entre Cogburn y LaBoeuf al final de la película ya que de aparecer antes todo hubiera sido monótono y aburrido por lo predecible en sus formas de actuar. Asimismo, no olvidemos que dentro de la vida de los forajidos la elección se cierne entre lo provechoso y lo perjudicial, en este sentido, Lucky Ned mueve bien sus fichas cuando decide el destino de la vida de Tom Chaney. Por otro lado, las actuaciones, como evidencia este breve análisis, muestran a actores maduros y seguros de lo que pueden dar en función de lo que les pidan, en este caso, los directores. La grata sorpresa fue la actuación de la debutante actriz de trece años, Hailee Steinfeld, protagonizando a Matti Ross. Tomando en cuenta la importancia de su personaje y el profesionalismo necesario para desenvolverse al lado de actores consagrados, como Jeff Bridges, su trabajo promete en el futuro. Finalmente, hay que ver Temple de acero no solo porque la historia es buena, sino porque los actores le han dado profundidad y complejidad a una trama simple y sencilla.

Temple de acero (True grit, 2011)
Directores: Joel e Ethan Cohen
Reparto: Jeff Bridges, Matt Damon, Josh Brolin, Hailee Steinfeld.

martes, 20 de diciembre de 2011

¿Aún una promesa?



Por: Jesús Jara


Este año se ha vuelto a editar Instrucciones para atrapar a un ángel (Mesa Redonda, 2011), del escritor peruano Javier Arévalo. Luego de su libro de relatos Una trampa para comandante (1989) y de su primera novela Nocturno de ron y gatos (1994), su producción literaria nos entregó esta interesante historia aparecida en el año 1995. En tales años, y con mayor razón haciendo referencia a esta novela, diferentes escritores habían catalogado al autor como una promesa de la literatura peruana de las últimas décadas. La pregunta es sencilla: ¿Aún lo es? ¿Lo ha sido alguna vez?
Comparándola con Nocturno de ron y gatos, obra más vivencial y personal, Instrucciones para atrapar a un ángel es una novela con mayor preocupación por lo formal. Con atisbos metaliterarios, la obra nos muestra la historia de tres jóvenes con venas artísticas (dos de ellos son fotógrafos y escritores), David, Adrián y Alberto, los cuales se verán envueltos en una persecución que pondrá en riesgo sus vidas.
Cierto día, cuando David caminaba por los alrededores del Olivar, dos sujetos con ternos grises bajan de un auto y disparan contra él. A partir de este momento, Adrián, amigo y hombre que desea carnalmente a la víctima, decide averiguar quién ha sido el presunto culpable de esta acción. Para ello convence a Alberto y, entre los dos, descubrirán, poco a poco, a numerosos sospechosos, entre ellos a críticos de arte como Odorico Silva. También una larga lista de homosexuales resentidos, quienes habían posado para el lente de David que, por aquel tiempo, había realizado una muestra fotográfica titulada "Asesinos y Homicidas" que no fue del agrado de estos últimos. Además, durante la búsqueda, ellos mismos se verán implicados en el crimen, llegando al punto de tomarse, uno y otro, como otros sospechosos.
Si bien es cierto que la decisión de buscar al culpable puede resultar pueril: “Perseguir un asesino me pintaba un futuro inmediato distinto y quizá emocionante” (pág. 22), esta funciona como un elemento ficcional importante para el desarrollo de la trama, descubriendo, entonces, historias marcadas por los celos, por la pasión desenfadada, por la ira, por el despecho, por un amor casi enfermizo por no ser correspondido. Adrián es la voz narrativa homosexual en la novela, quien sufre por no conseguir la atracción de David, aportando un clima de muerte desde el inicio de la novela.
Lo que hace interesante a esta novela es la manera cómo el autor ha tratado de transmitirla, considerando que estábamos en la década del 90 –una generación donde no se optaba por la experimentación ficcional, salvo pocas excepciones-. La novela está presentada en pequeños y diferentes planos narrativos, lo que da fuerza a la trama y confusión al momento de dar credibilidad a los puntos de vista narrativos
Los narradores, alternadamente, son Adrián y Alberto. Otro punto a favor es la inclusión de entrevistas realizadas a algunos personajes sobre sus procesos de creación tanto en la escultura (Cristina es pareja sentimental de David y escultora, escultora de ángeles, por supuesto) como en la literatura (David había escrito Instrucciones para atrapar a un ángel, título sui generis del libro):
“Era bastante biográfico. Nada que no esté relacionado con mi vida tiene mucho sentido para mí. Una amiga escritora siento todo lo contrario. Incluso opina que cuando un libro le parece autobiográfico ya no le gusta. Por otra parte, un escritor es un individuo más. ¿Por qué inventar un personaje si uno mismo lo es?” (Pág. 124).
Sin embargo, los desaciertos de la novela radican, por ejemplo, en el manejo del lenguaje, que más que directo, sencillo o funcional, pecan, en varias oportunidades, de facilista, con uso de metáforas o comparaciones infantiles:
 “Mis sueños cambiaron radicalmente después de ver a Bruce Willis en Duro de Matar. Cualquier de mis amigos psicoanalistas, adoradores del inconsciente […]” (Pág. 18).
“-No, hombre, pasa. Ponle nomás las alarmas a tu ostentación con ruedas” (Pág. 20).
El cuento que escribió David –Instrucciones para atrapar a un ángel-, y reproducido a través de un comentario que se hizo a raíz de la publicación del libro, tuvo que haber sido transcrito tal cual para que el lector tuviera una imagen más personal del escritor, cuento que, por otra parte, nos da las pistas no solo para conocer el mensaje final del cuento, sino del mismo libro, ya que la novela trata sobre personajes que se buscan a sí mismos, que tienen que mirar su interior para saber que dentro de ellos está aquel ángel que toda persona, según el libro, posee.
“Solo ve oscuridad en la profundidad de sus ojos, donde distingue una fantasmagoría azul, un destello que no desaparece fugazmente como el estallido de un flash, sino que permanece allí, nítida, en el interior de sus pupilas veladas. Esa juguetona luminosidad es de un color impreciso, es azul y también blanca, y a veces roja, y ondula, se comprime y se expande, y parece volar con alas propias” (Pág. 102).
En cuanto al tema de la homosexualidad de algunos personajes, sobre todo la de Adrián, en varias ocasiones linda con lo patético. Acaso, y como muchos también han afirmado, el tema de la homosexualidad se convirtió en moda, en casi un mero plagio. No podemos afirmar que Arévalo haya tenido en su mente No se lo digas a nadie al momento de confeccionar su obra, pero el que los personajes pertenezcan a una clase acomodada, que uno de los personajes anhele ingresar a la misma, o que el tema del despecho solo pueda ser adjudicado a un homosexual para realizar actos espontáneamente brutales, tiene mucho que ver con la obra de Bayly.
Instrucciones para atrapar a un ángel, por aquel lejano año 1995, sí permitió tomar a Arévalo como una promesa, pero, con esta nueva edición, y con el pasar de los años, la novela aparentemente no ha sobrevivido. Nunca despegó.

jueves, 15 de diciembre de 2011

EXPOSICIÓN DE FRANK GAUDLITZ - LA RUTA DEL SOL



Por: Naná Lavalle E.

“Una fotografía no es una pintura, un poema, una sinfonía, una danza. No es un cuadro bonito. Es, o debe ser, un documento significativo, una declaración penetrante”
Berenice Abbott

Hemos podido conocer a los largo de la historia de la humanidad miles de caminos históricos: la Ruta Maya centroamericana,  El Cápac Ñam incaico, el camino de Santiago en la península ibérica; todos ya en la actualidad recorridos por armadas turísticas, cuya reproducción fotográfica supera con facilidad algunos cientos de terabytes. Para muchos es adrenalínico pensar en recorrer kilómetros de caminos cargados de energía, de vida, de muerte, de luchas, de esfuerzos, de purificación; lo catártico de observar cómo va cambiando la ruta a cada paso cansado pero maravillado y al lograr acercar lo ajeno gracias al don de mirar.


Hace más de 200 años, el investigador alemán Alexander von Humboldt recorrió, durante su travesía americana, más de 1500 km del antiguo camino inca conocido como “La Ruta del Sol” que conoció desde el punto más alto de la expansión del Tahuantinsuyo por el norte, en Pasto, Colombia, hasta llegar, un año después, a la ciudad de Lima. Su viaje fue lento y siempre atento a observar todas las realidades que encontraba a su paso. Con cada poblado, accidente natural y recopilación histórica superó largamente los motivos primarios de su investigación – que, se afirma, fue apoyada por Inglaterra como una suerte de espionaje para la recopilación de información sobre nuestras riquezas para, posteriormente, financiar las campañas independentistas, tanto la de San Martín como la de Bolívar, y que marcó el inicio de la expansión del capital británico en los primeros años de la República– brindándonos datos importantísimos para el conocimiento natural y social de nuestra nación.


Es otro alemán, inmerso en la contemporaneidad, el que nos propone un repaso para generar nuevas visiones sobre la ruta. Frank Gaudlitz tiene su sendero propio como un reconocido fotógrafo y su obra se ha expuesto en galerías a nivel mundial. ¿Por qué escoger esta ruta para su nuevo proyecto? Tal vez por la fascinación confesa que le genera la figura de Humboldt y su personalidad inagotable en el descubrimiento de espacios y seres únicos. Es así que vuelve a Sudamérica para recoger un tramo de la Ruta del Sol que conecta Colombia, Ecuador y Perú. Empieza en el poblado de Remontina, en Colombia, agotando el recorrido en Campiña de Moche, en la costa norte peruana.


Gaudlitz recorre más de 45 puntos, entre los que se cuentan ciudades, poblados y caseríos. Su fotografía de tipo documental nos permite ahondar en cuestiones sociales y etnográficas, mostrando la multiplicidad del entorno natural de la ruta y la diversidad cultural de los asentamientos humanos que se orillan en ella. Un viaje de descubrimiento para los propios latinoamericanos, ajenos de las realidades que se proyectan desde áreas rurales de nuestros países; un viaje que paradójicamente realizamos bajo una perspectiva totalmente occidental, pero no por ello ajena a una sensibilidad universal y la exquisita forma compositiva que caracteriza el trabajo fotográfico de Gaudlitz.



 

         El autor ha concedido a este proyecto características que articulan su producción fotográfica. Trabaja los géneros del retrato y el paisaje; los retratos, en color, fueron evidentemente producidos con la intencionalidad de mostrar el entorno particular del retratado, dándoles la oportunidad de presentarse libremente, sin hacer diferencias al momento de captar su imagen, pero sí mostrando las diferencias que existen entre ellos, y los paisajes, en blanco y negro, donde se presentan planos abiertos, panorámicos y también tomas cerradas, de avance por el camino que va dibujando, sobre el terreno árido o tropical, su propia proyección.


Observar la obra de Gaudlitz, actualmente exhibida en la Galería Municipal de Arte Pancho Fierro, es una total invitación a reconocernos en su obra. Existe un sublime sentido de identidad que nos va invadiendo poco a poco al recorrer la galería y puede parecer inverosímil que esta producción haya sido lograda por un alemán. Pero su peculiar espontaneidad, la firmeza de ideas y la fina sensibilidad que alcanza en la representación de cada una de sus piezas, es lo que refuerza la sensación de estar ante la esencia de sus retratados.


Visitar la exposición es una verdadera experiencia, más aún porque la distribución museográfica ha sido preparada y supervisada por el propio artista. El recorrido es ligero, intercalándose los retratos en color con los paisajes en blanco y negro, sin saturar visualmente al espectador, con un recorrido pautado por la agrupación por países de las fotografías, haciéndose evidentemente más amplia la zona peruana.  Existe al entrar en la galería una serie de 15 retratos, como muestra de la diversidad americana, como reflejo de las diferencias propias de nuestra identidad.


Es además una invitación a visitar este espacio de galería de arte, instalado en el centro histórico de nuestra ciudad, que entrará en un proceso de remodelación total tras el cierre de esta muestra y se reinaugurará con exposiciones dentro del marco de la Bienal de Fotografía de Lima, en marzo del siguiente año.

 



DATOS SOBRE LA MUESTRA

Nombre: La Ruta del Sol. Un recorrido actual por un camino histórico.

ARTISTA: Frank Gaudlitz (1958).

FECHAS: del 9 de diciembre de 2011 al 08 de enero de 2012.

LUGAR: Galería Municipal de Arte Pancho Fierro. Pasaje Santa Rosa 114, Centro Histórico de Lima.

HORARIOS: lunes a viernes de 10:00 a.m. a 8:00 p.m. / sábados y domingos de 1:00 p.m. a 8:00 p.m.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Por qué hacer Historia Urbana?



Por: Juan José Torre

La historia urbana se hace necesaria en la medida en que la ciudad es el escenario natural de los cambios sociales y el lugar donde se canaliza, y toman rumbo, las demandas de grupos sociales que pretenden hacer realidad las utopías. En ese sentido, explorar las inquietudes de la población urbana nos permite conocer la dinámica popular, los poderes que se van tejiendo tras el poder formal. Es la ciudad el espacio disciplinante, pero también donde  surgen iniciativas de grupos sociales que recrean su subalternidad y la superan; definen estrategias dentro y fuera de lo legal para reedificar su espacio y mundo.

La ciudad es el espacio de reproducción, de creación y de control. Es el lugar donde el Estado se empeña a dirigir a sus miembros mediante la  construcción del perfil del ciudadano ideal, con valores y  comportamientos funcionales al poder. Se vale para ello de todos los medios posibles, siendo la educación la que incide en la formación de valores como disciplina y orden, que serán reforzadas en otros aspectos de la vida social. 

La organización de la ciudad no fue ajena a la preocupación de los griegos. Aristóteles describe en La Política la ciudad ideal en sus dimensiones, emplazamiento y cantidad de población.  Desde el punto de vista militar estas urbes debían permitir una defensa rápida ante la eventualidad de un ataque y, en lo político, el número de habitantes debía facilitar la participación de los  ciudadanos.  Ya en ese momento es posible identificar la relación entre régimen político y organización urbana que de algún modo se deja traslucir en los planteamientos urbanísticos y arquitectónicos modernos.

San Agustín en el siglo X planteaba la “Ciudad de Dios” en contraposición a la ciudad de los hombres. Esa búsqueda de orden y disciplina, regulada en función de los ideales cristianos, sirvió de base para el desarrollo de la Iglesia y su alianza con el Estado. La Ciudad de Dios debía ser controlada por la asociación Estado-Iglesia que garantizara la pureza de la fe y  la salvación de las almas que solo una vida recatada y ascética podía lograr, valores que debían ser severamente controlados por el aparato estatal.

La Edad Media supondría la ruralización de la sociedad: las ciudades pasan a segundo plano, generando consigo la estabilidad social que el feudalismo requeriría para su desarrollo. Estabilidad solo alterada por aisladas rebeliones campesinas, las Cruzadas y la Reforma protestante. Por el contrario, la Baja Edad Media traería el  resurgimiento de las ciudades esta vez controladas por una nueva clase social: la burguesía, que iría cuestionando el poder de la nobleza. Sería la ciudad el escenario de las transformaciones económicas, sociales y políticas que darían paso a la modernidad.

No obstante el proceso urbanizador desde el siglo XVIII, la población mundial sigue siendo mayoritariamente rural, aunque la diferencia sea menos estrecha que hace cuarenta años  y la tendencia sea la urbanización de las sociedades. Son  América y Europa los continentes con mayor población urbana en el mundo, lo que no puede causar sino curiosidad si tomamos nota de los disímiles procesos sociales a los que se han visto sometidos ambos espacios.

En el caso preciso de Latinoamérica, la urbanización es consecuencia de la expansión del capitalismo en el subcontinente. La irrupción de pequeñas industrias nativas y la instalación de conglomerados industriales de origen norteamericano y europeo, a mediados de los años 50, como parte de la Industrialización para la sustitución de importaciones, aceleró ese proceso.  En el Perú, la adopción del ISI fue un ingrediente importante, sin desdeñar el rol que tuvieron industrias como la harina de pescado en el crecimiento de ciudades como Chimbote.
 
Durante los años 60 y 70 los primeros en acercarse a los nuevos sectores urbanos, dentro de las ciencias sociales fueron los antropólogos y sociólogos, sorprendidos de los recursos que encontraban estos sectores para obtener el reconocimiento del Estado. Estos nuevos sectores (conformado en su mayoría por migrantes andinos) fueron protagonistas activos de un periodo de nuestra historia, marcando el nuevo aspecto de una ciudad que  se ha convertido en un crisol de etnias y culturas.  

miércoles, 7 de diciembre de 2011

EL RONSOCO ILUSTRADO - Columna

¿Extractivismo o morir?


Por: Javier Garvich
Extractivismo es una palabra que empieza a tomar cuerpo desde algunos años en América Latina, ha sido prohijada por los movimientos indigenistas contemporáneos y, dentro de nada, estará poniéndose de moda en el Perú.
Cuando hablamos de extractivismo hablamos de un proceso económico basado en la extracción pura y dura (con 0 valor agregado) de materias primas a cambio de valiosas divisas que, con una distribución eficiente, puedan financiar planes sociales y mitigar sustancialmente la extrema pobreza. La forma como se está extrayendo el petróleo, el gas y los minerales en Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia  es el ejemplo y base del discurso: Extracción de hidrocarburos a cambio de dólares frescos con que mantener subvenciones a productos de la canasta familiar, transferencias directas de dinero a los más necesitados, programas sociales de salud y educación. Ojo que estamos hablando de repúblicas con gobiernos que presumen de izquierdismo e incluso hablan de “socialismo del siglo XXI”. Además, el extractivismo que profesan es una fórmula donde todos ganan: El gobierno, legitimado por sus programas sociales ante los electores; las transnacionales extranjeras, porque hacen negocio vendiendo combustibles en un mercado global necesitado de recursos energéticos; el sector privado nacional que puede seguir creciendo al más puro estilo capitalista al saber que el Estado no se ve a meter con ellos como se temía. Y, claro está, amplios sectores sociales que cobran cheques del Estado, se benefician de un sistema de salud más generoso o que ve mejores oportunidades educativas para sus hijos  Ese extractivismo tiene una variante agrícola que se está consolidando peligrosamente en Argentina y Uruguay con el auge de los monocultivos de exportación, con pingues beneficios ¿Por qué quejarse entonces?
Pero el extractivismo tiene su lado oscuro: Seguimos alimentando una estructura productiva invertebrada, subdesarrollada y débil, muy dependiente del exterior en varios aspectos y con poca capacidad competitiva en el mercado global. La pregunta obvia es: ¿Qué pasará si caen los precios de los minerales y combustibles? ¿Y qué pasará si se acaban los recursos? ¿Vale la pena destruir todo un ecosistema para montar un proyecto gasífero que no tendrá más de 40 años de vida?
Porque aquí viene el segundo pero más importante: ¿Vale la pena destruir nuestro país por una renta equis de divisas durante un tiempo muy determinado? ¿La destrucción de ecosistemas, la inevitable contaminación de nuestros ríos, la extinción de nuestras cuencas acuíferas, el erosionamiento y la desertificación de valles y quebradas es el impuesto inexorable para que podamos tener mejor calidad de vida?
Estas reflexiones son necesarias ahora que se ventila la viabilidad de un nuevo megaproyecto minero en Cajamarca. El precio por una cuota sustancial de teóricos recursos para el desarrollo pasa por la desaparición de varias lagunas naturales y el consumo de agua tratada por parte de los cajamarquinos (en el campo y en la ciudad) durante décadas y, posiblemente, sine die.  ¿Vale la pena?

La pregunta es más abierta y compleja: ¿Qué Perú queremos para el futuro? Y en eso entra el tema cultural, porque el extractivismo también atenta contra una manera de ser y hacer durante siglos. El extractivismo choca con las formas andinas de trabajar y querer el suelo y el ambiente (de esas formas nacen nuestras danzas, canciones, fiestas, tradiciones, arte e idioma). Atenta contra nuestras raíces más legítimas. Las minas, necesariamente, terminan desperuanizándonos.
Un Perú minero puede darnos ingentes recursos y modernizar el país. Pero temo que dentro de 50 años terminaremos siendo una Somalía sudamericana, un país desertizado, sin glaciares, con los ríos envenenados, viviendo en ciudades tan contaminadas como La Oroya, con millones de bocas que exijan una sangría de divisas para importar alimentos. Alimentos que bien podríamos producir nosotros. Dentro de 50 años, los pocos valles andinos existentes serán monopolizados por transnacionales turísticas, la Amazonía será un escenario a la Mad Max,  un espacio sin ley degradado por la desforestación formal y la minerías informales. El cuy y la papa amarilla serán artículos de lujo para el consumo extranjero. Nuestros egresados y mejores cerebros seguirán yéndose en masa fuera del país y Lima será un sumidero caótico, sediento y envuelto en smog.
El extractivismo del guano terminó consolidando una clase dominante corrupta cuyos descendientes todavía hoy nos gobiernan, el extractivismo del caucho generó el más grande genocidio de nuestros pueblos amazónicos, el extractivismo pesquero depredó (¿por siempre?) nuestros recursos ictiológicos en el Pacífico. ¿Es que no aprendemos? ¿No hay otras, mejores formas, de generar valor y recursos en el Perú?