viernes, 15 de julio de 2011

En torno a un partido de fútbol



Por: Juan José Torre toro

El último martes 12 de julio se desarrolló el encuentro  entre las selecciones de Perú y Chile. Más allá del resultado es importante dar cuenta de lo sucedido y comentado, no en el partido, sino en “la previa”.
Un enfrentamiento entre Perú y Chile concita la atención en cualquier ámbito de cosas y en cualquier terreno.   Si se trata de futbol -el deporte más popular en medio planeta- entonces ello toma matices dramáticos. Un dramatismo que se manifiesta en la definición de este tipo de encuentros: EL CLÁSICO DEL PACIFICO. ¿Qué es un pues un clásico futbolístico? No es más que la reproducción simbólica de un enfrentamiento social o político llevado al terreno de lo deportivo. 
Así, por ejemplo,  el clásico U- Alianza, no es más que el enfrentamiento simbólico  entre los estratos populares (negros, y cholos) y la elite (blancos o criollos). Es posible que el tiempo haya diluido las diferencias sociales y étnicas en los hinchas de ambos equipos, pero la idea de enfrentamiento social y revanchista que la subyace permanece.
En cuanto al llamado Clásico del Pacifico, sucede algo curioso y que ha quedado evidenciado en el último partido. La prensa deportiva peruana se esforzó por dotar de un aura especial al encuentro: no es un partido cualquiera –decían– es uno muy especial. Juan Vargas, el buen lateral peruano manifestaba que “Se puede perder con cualquiera, menos con Chile”.  De alguna manera –consciente o no– los peruanos estamos buscando escenarios de revancha para una derrota militar. Alan García manifestaba no hace mucho que en poco tiempo seremos económicamente mejores que Chile: Incluso para la máxima autoridad política, representante nacional, el terreno económico es el escenario  que prolonga un viejo conflicto. 
Una actitud diferente fue la tomada por la prensa chilena, quizá sea porque el porvenir no les debe una victoria, parafraseando a González Prada. Quizá sea porque en realidad es un partido como todos, cuya importancia no va más allá de lo exclusivamente deportivo. Quizá sea porque procuran no poner en riesgo su victoria, exponiéndola al escarnio de una derrota simbólica.
Sea como fuere este tipo de encuentros prolongan, nos guste o no, viejos rencores, azuzan ánimos y terminan siendo válvulas de escape para pasiones reprimidas.
Es posible que en el largo camino de  formación de la identidad nacional se necesite de demonios foráneos frente a quien edificarnos. Es posible. Después de todo Macera dijo alguna vez que el resentimiento y el odio pueden ser fuerzas impulsoras en la construcción de una nueva moral. 

miércoles, 13 de julio de 2011

Ni pandillas, ni bandas: Reflexiones sobre la violencia juvenil


Por: Jerjes Loayza Javier



Luego de investigar el tema de la violencia juvenil en la Comunidad de Huaycán, Distrito de Ate, para elaborar mi tesis de licenciatura, decidí no ahondar más en el tema de las bandas juveniles urbanas, para enfocarme en otros aspectos de la cultura juvenil. Sin embargo en los años venideros, al ahondar en las interacciones juveniles limeñas, me encontré con la triste sorpresa de que la violencia juvenil no podía ser soslayada aun en este tipo de investigaciones, por el contrario la violencia era patente en diversas relaciones sociales juveniles, en diversos contextos, cobrando diversas formas, a veces muy específicas unas de otras. El pandillerismo me demostró que azota con su cruda realidad por doquier, por lo que su estudio y análisis era una labor, que una vez más, me enrumbaba a la actividad teórico-práctica en esta materia. Presento algunas reflexiones al respecto producto de una investigación realizada en Huaycán[1], de la ponencia “Construcciones sociológicas en torno al pandillaje juvenil en América Latina” para el evento académico del PRE ALAS, realizado en la Universidad Ricardo Palma en el presente año, y de la actual investigación que versa sobre datos recolectados en la ciudad de Lima durante el año 2011. Se trata de  resultados transitorios, que al día de hoy continúo construyendo.

Empecemos por las etiquetas que nublan toda reflexión al respecto. “Pandilla” de por sí es una categoría arbitraria que pretende generalizar fenómenos totalmente diferentes, los que a su vez poseen matices específicas necesarias para comprender dicha problemática. A veces quienes somos ajenos a tales grupos juveniles violentos –que justamente somos quienes abordamos los temas, quienes enjuiciamos a esos jóvenes o quienes criticamos abiertamente este fenómeno social pernicioso para la sociedad- poco o nada sabemos de la mirada que ellos dan a sus manifestaciones simbólicas. Conversando durante algunos meses con algunos de ellos y ellas, y entablando amistades diversas, pude cerciorarme de una importante categoría que había sido dejada de lado: la transición. O que en palabras de Turner, liminalidad. Para entender dicho concepto, debemos tomar el período de margen o de liminalidad, como una situación inter – estructural[2]. Por ello creo prudente llamarlos grupos juveniles que aun no toma una posición valorativa, siendo por el contrario jóvenes en un estado de liminalidad latente, que los ubica en una situación inter- estructural diversa y compleja, dependiendo no sólo del contexto, sino del sujeto que la experimenta. Dicho estado transicional será un estado en el que el joven deberá decidir, aprender, experimentar; por ello no se puede homogenizar dichos grupos pandilleriles, sino admitir sus matices y resignificaciones. Si bien Santos los ha denominado “esquineros trajinantes”[3], esta es una enunciación meramente espacial, mas no lo suficientemente simbólica. Asimismo Strocka los prefirió llamar “manchas” para enunciarlos del modo en que sus integrantes se autodenominaban, para referirse a las pandillas en Ayacucho; sin embargo es poca la explicación teórica que se puede desprender de ella. A partir de la importancia que le doy a la liminalidad, prefiero denominarlas en adelante –sin desear pecar de rimbombante- como Grupos Juveniles Liminales. 

Ahora bien, ¿qué las hace transitorias, a diferencia de las bandas delincuenciales de adultos o de las bandas juveniles salvadoreñas o colombianas por ejemplo? Empezando por lo último, cabe destacar que los grupos juveniles liminales en el Perú no se reúnen ni para delinquir ni para asesinar, su formación es inconsistente y no posee una organicidad al estilo de las Maras Salvatruchas, ni un estilo sanguinario masivo, al estilo de los adolescentes sicarios en Colombia. En aquellos contextos se vive una especie de “cárcel cultural”[4] que es capaz de castigar con la muerte a los desertores. Los estigmas que recaen sobre ellos los fortalece, pudiendo ver tatuajes hasta en el rostro que buscan violentar al otro con la sola presencia. Por otra parte, los adultos que delinquen en nuestro contexto ven en la delincuencia un modo de vida, a diferencia de los jóvenes integrantes de pandillas, que oscilan generalmente entre los 14 años y los 20 años de edad. Éstos últimos lo ven como un pasatiempo –algunas veces mortífero- capaz de resaltar todas esas energías de las que están hechos que de uno u otro modo necesita irradiar. Los delincuentes han decidido un estilo de vida, los jóvenes liminales no, aun dudan y no esperan morir por el amor a un equipo de fútbol o un barrio. Más aun su salida de estos grupos no será castigada, ni tampoco ovacionada: sin pena ni gloria, continuarán con su vida. Los estigmas no los fortalecen, por el contrario, los ahuyentan y en muchos casos, los llevan a la reflexión.

Las tensiones entre la presión del grupo y el miedo al castigo institucional son muy claras en muchos casos. Se trata de actitudes a medio camino entre la delincuencia y la legalidad. Por un lado, la exigencia del grupo para ejercer la violencia y por otro la autoexigencia de no cometer delitos cuyo castigo institucional (cárcel) les convertiría en delincuentes de pleno derecho. El lugar en el que los jóvenes liminales se desenvuelven puede determinar ciertos comportamientos: el pertenecer a una comunidad en donde la violencia no sólo dinamita por doquier, sino que es valorada y respetada por los pares, puede no sólo convencer, sino en algunos casos obligar a que un joven se integre a un grupo juvenil violento. Al permeabilizar comportamientos y actitudes demuestran cierta resistencia a no abandonar valores morales y éticos, poniendo en primer término a sus familias y lo que éstas puedan decir de ellos. El debate es amplio y la realidad apenas figurada bajo la oscura capa de la teoría. Es necesario reflexionar sobre la condición racional e irracional de los jóvenes liminales, quienes mezclan diversas intenciones, tanto lúdicas como tanáticas, lo que nos lleva a interacciones eminentemente complejas, y cuya comprensión empieza por ellos mismos, es decir desde sus propias perspectivas. Lo que denomino clandestinidad juvenil, es propio de una condición liminal, que la hace situacional y transicional, más no estacionaria y definitiva. Sería no sólo difícil, sino imposible hallar marcadas separaciones entre lo racionalizado y lo irracional, lo cual nos lleva a nuevas y mayores formas de sentir y pensar la realidad de la violencia juvenil en el Perú.




[1] LOAYZA, Jerjes (2011)“Grupos juveniles liminales en Lima: Un estudio de caso en la comunidad autogestionaria de Huaycán”. RECSO Revista de Ciencias Sociales. Montevideo: Año 1, Número 1, 2010. Pág. 34 – 53. Universidad Católica de Uruguay.
[2] TURNER, Víctor (1970 ) Simbolismo y ritual. Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.
[3] SANTOS, Martín (1998)  “Emociones, desempeños morales contextuales, conflicto social y relaciones  de poder en redes de esquineros-trajinantes de un barrio popular de Lima”. En Maruja Martínez y Federico Tong, (editores).¿Nacidos para ser salvajes?. CEAPAZ. Lima.
[4] MARTÍN ALVAREZ, Alberto; FERNANDEZ ZUBIERTA, Ana y VILLARREAL SOTELO, Karla. (2007) “Difusión transnacional de identidades juveniles en la expansión de las maras centroamericanas”. En Perfiles Latinoamericanos. Julio-diciembre, número 30. México: FLACSO.

lunes, 11 de julio de 2011

Paradojas, esperanzas



Por: Juan José Torre Toro

No deja de ser paradójico. Más allá de consideraciones teóricas acerca de la posición ideológica de Ollanta Humala, se puede afirmar que es una alternativa de izquierda la que se instalará en Palacio este 28 de julio. Y es paradójico pues se trata de un logro político que la izquierda no alcanzó ni en su momento de mayor organización  y confluencia.

También es cierto que la izquierda organizada en los 80s fue victima de un espejismo. La alta conciencia de las masas, como optimistamente llamaría Jorge del Prado a la actitud reivindicativa de los sectores populares, no tuvo la consistencia ideológica necesaria para superar el suicidio político de finales de los 80 ni a la demolición a la que se fue sometida.

La tan mentada figura del outsider político, tuvo en la izquierda setentera y de los 80 a sus primeros representantes. Sus bases políticas -pese a su entusiasmo- eran tan precarias como poco consistentes.  Bastó el viento en contra que supuso la caída de la URSS y el surgimiento de Sendero para que  se vaya por la borda. En estas condiciones de precariedad organizativa de la izquierda que se ha logrado esta victoria electoral. ¿Que debemos esperar del gobierno de Humala aún cuando la derecha no supera aún su estado catatónico?   

La oportunidad que se abre tras el triunfo de Humala se pinta de varios colores. Resulta complicado realizar las transformaciones necesarias para que el país tome un rumbo hacia su desarrollo autónomo. El contexto que se presentará será particularmente difícil.

Pese al escenario de conflicto que se avizora, es imprescindible crear  diferencias notables con los regimenes que la han precedido. Demostrar que un gobierno de izquierda (aún cuando el  término pueda ser confuso para algunos) puede ser más eficiente, honesto y democrático que quienes  vienen gobernando hace décadas.
Ello puede abrir posibilidades de construcción de una alternativa política más profunda y asentar un discurso contrahegemónico. Un discurso que ya se ha instalado como alternativa y que probablemente se quede en ese plano pero que puede viabilizarse en el futuro. Es tarea de cada uno y en su propia trinchera.

martes, 14 de junio de 2011

¿Es posible la gran transformación? Gana Perú y las nuevas (y no tan nuevas) movidas políticas


Por: Bruno Yika Zapata

Hace unos días vi en un titular periodístico que Perú Posible estaba negociando ministerios con el gobierno electo. Asimismo, y de forma explícita, PPK “ofrecía sus servicios” al líder de Gana Perú. Del mismo modo, un día después de las elecciones, algunos ex ministros apristas y toledistas ejercían “presión” para que se definan los puestos claves en el Poder Ejecutivo. En este contexto ¿Será posible la tan anhelada gran transformación? O más bien sucederá lo que dice Daniel Bell[1]:

“Las estructuras de la sociedad cambian mucho más lentamente; sobre todo los hábitos, las costumbres y los modos tradicionales establecidos (…). Hasta cuando el orden político es derribado por una guerra o una revolución, la tarea de edificar una nueva estructura de la sociedad es larga y difícil, y debe necesariamente usar los ladrillos del viejo orden.” (1997: 21)


En el caso peruano, esos hábitos, costumbres o modos tradicionales establecidos no muestran cosas muy prometedoras. Como diría Julio Cotler[2]: “(en) la política peruana – y en general la hispanoamericana – (se) institucionalizó el clientelaje y caudillismo personalista, revitalizando así las formas coloniales de dominación.” (2005: 91). El siguiente gobierno ¿Podrá cambiar las relaciones patrón – cliente, o más bien tendrá que pagar aquellos favores políticos brindados por un ex candidato que aún que se encuentra dolido por no ser él el presidente del Perú?
En ese sentido, Ollanta Humala y su equipo de gobierno tienen algunos retos que cumplir a corto plazo: 1) Impedir que las redes clientelares que ya se están moviendo entre los diferentes poderes económicos, tanto dentro como fuera del Estado, se inserten una vez más en la política estatal y 2) Cumplir muchas de las promesas que buscan que la riqueza esté mejor distribuida (sin caer en asistencialismos baratos que se presten a vicios de corrupción).   
El próximo presidente tendrá una tarea ardua, difícil y hasta diría contradictoria: satisfacer a los grupos de poder económicos y contentar a la gente que votó por él.  Por ello, tendrá que saber sortear todos estos vaivenes, no entrar a gobernar con revanchismos y, lo más importante, no olvidarse de los miles y miles de peruanos que pusieron su confianza en el sueño de la gran transformación.
Soy un poco escéptico frente a todo ello pues no creo que se pueda satisfacer a todos. El camino que viene es difícil y como diría Nietzsche “tortuoso y aberrante”. Lo único que queda es esperar y estar vigilantes y que esta odisea política no sea la del eterno retorno.  


[1] BELL, Daniel. 1977. Las Contradicciones Culturales del Capitalismo. Alianza Editorial. España.
[2] COTLER, Julio. 2005 (1978). Clases, Estado y Nación en el Perú. IEP. 2da. Reimpresión de la Tercera Edición.  Lima.



miércoles, 18 de mayo de 2011

¿A qué repámpanos le tendrán tanto miedo algunos jóvenes?


Por: Eduardo Adrianzen[1]
Ilustración: Carlos Tovar, "Carlín".

A mí, entre mis 16 y mis 28 años, me tocó el inicio de Sendero y la guerra interna, los toques de queda, el sida, la hiperinflación de Alan, el fujishock del 90 y el posterior autogolpe de Estado el 92. Ya de treintón, me tocó la megacorrupción, el fraude... y la lucha por sacarnos a la mafia de encima. Para hacerla corta, digamos que recién después del 2001 pude sentir que nuestro país podía aspirar a ser algo más que una tragedia detrás de otra. Por eso creo que los veinteañeros de hoy son afortunados: se salvaron de una juventud llena de muertos, como la que me tocó. No solo eso: viven -vivimos, pues uno tiene que entrarle al tema o ya fue- conectados al mundo y relacionados en la aldea global. Por eso hoy suena casi inverosímil decir "no sabía" o "yo creí que..." o "me dijeron", cuando tenemos a mano toda la información necesaria en un click. Como que ser ingenuo ya implica ganas de serlo y auto-declararse un lúser de campeonato. Será por eso que me sorprende que tantos jóvenes que supuestamente tienen acceso a la información, se hayan declarado presas de un miedo pánico infantil cada vez que les hablan de la necesidad de mejorar y cambiar ciertas cosas a nivel social y político. Me sorprenderá, por ejemplo, que muchos sean tan dóciles y mansitos para obedecer a su abuelito PPK cuando les mande votar por KF "en nombre de la democracia", sin querer darse cuenta de que, con eso, les está mandando a votar por el "pensamiento" Kenji, por el Opus Dei (sí: ese que condena el sexo sin matrimonio y no permite que las chicas usen minifalda, ni los hombres bermudas en la universidad) y por todos los que sueñan con meterlos a hacer el servicio militar.  Me sorprende también que muchos jóvenes, que con tanto esfuerzo ahorran para comprarse una lata de pintura para sus grafitis, de pronto sean los más ardientes defensores de que los dueños de la banca, la minería y las grandes corporaciones, puedan comprarse más casas en Eisha y no se priven de sus vacaciones en EEUU cada vez que les dé la gana.  Me parece marciano que les hayan hecho creer que el archineoliberalismo es sagrado y blindado, y que todo lo que ose cuestionarlo es el cuco, el monstruo o el hombre lobo que se los llevará al infierno de Cuba o Venezuela para que se los coman crudos.  Y más bizarro aún: que de tanto miedo que les siembran, algunos repitan como loritos (sin haber leído ni una palabra de esa época) "no queremos que vuelva Velasco", igual a las abuelitas pitucas, que chillaban porque en ese tiempo se dijo que los indios también eran personas.  Me alucina escuchar a jóvenes entre 19 y 30 años, que toman su combi y buscan chamba honradamente, hablar igualito a los terratenientes expropiados por la reforma agraria.  Y no se ofendan, pero poner el pecho (o el voto, que es igual) para defender a Cipriani, Martha Chávez, la Cuculiza, Carlos Raffo y Rafael Rey, me parece contranatura tratándose de un joven.  Más si bastan 3 minutos en Internet para enterarse de sus prontuarios: menos de lo que dura una canción en YouTube. Además, ¿acaso a los jóvenes les sobra el trabajo, las oportunidades y la chamba, y sienten que hoy todo es perfecto, como para defender a muerte que todo se congele y siga como está, sin la menor posibilidad de cambio o mejora?  Claro, salvo que se piense que "mejorar", es recibir una limosna de arroz y atún empaquetada desde San Isidro por las Chinas Tudelas.  El miedo inculcado por los medios de comunicación pagados por los eternos dueños de la marmaja, les taladra tanto la cabeza que los hace afirmar que, si no entra KF y su camarilla mafiosa noventera con su papito incluido (levante la mano el ingenuo que se trague el cuento de que "no lo va a liberar")  vendrán los comunistas y les expropiarán hasta su iPod... cuando basta que lean un poco en Internet (y no Perú 21, ni ver a Bayly) para entender que es imposible por 100 razones que aquí pase lo mismo que en Venezuela.  Que ser globalizado y moderno, sirva para mirar un poco más allá del chicote y la rodillera. En suma, me resisto a aceptar que muchos jóvenes prefieran defender a mafiosos que solo buscan ser aún más ricos a sus costillas.  Y está bien que antes les haya gustado los ppkuyes y bailaran con ellos... ¿pero eso significa que también piensan como cuyes, y son tan miedosos como el pobre animalito que se resigna a ser devorado por los más fuertes?  Estoy seguro de que no.  Porque Kenji -y su perro- NO los representan.  ¿O sí?


[1] Eduardo Adrianzen. Dramaturgo y guionista.

lunes, 16 de mayo de 2011

Razones para No votar por Keiko Fujimori



Por: Jorge Duarez
(Ilustración: Carlos Tovar, "Carlín")

El psicoanalista esloveno Slavoj Zizek señala que los seres humanos asumimos nuestras creencias más íntimas antes de contar con una argumentación racional para hacerlo. En palabras de Zizek esto supone que “las razones de por qué hemos de creer sólo son convincentes para aquellos que ya creen”.[1] Esto no sería ajeno a la política, pues uno asumiría una opción (liberal, socialista, progresista, conservador, etc.) y luego buscaría argumentaciones racionales para sostenerla. Así, al fujimorista por más razones y pruebas que se le dé sobre la nefasta experiencia de los años 90 no cambiará de parecer sobre su voto, pues responde a una convicción antes que a una razón. Por ello, este post está principalmente dirigido a aquellas personas que las encuestadoras identifican como “indecisos” y que buscan razones para definir su voto sin una posición previamente definida.

Empecemos por lo que significa el fujimorismo. El gobierno del Alberto Fujimori se caracterizó –entre otros- por la corrupción, el desprecio por la democracia y la violación a los derechos humanos. Millones de dólares, provenientes básicamente de las privatizaciones de empresas públicas, del desfalco del sistema de pensiones de  los jubilados y de la caja de ahorros de policías y militares, se utilizaron para los intereses privados de Fujimori y su círculo cívico-militar. Con el dinero de la corrupción se podrían haber construido cientos de escuelas para la población, financiar un sistema integral de salud, además de pagar mejores pensiones para los jubilados.[2]

Con el pretexto del no apoyo a la lucha contrasubversiva Fujimori disolvió el Congreso de la República, cerró el Poder Judicial y persiguió a sus adversarios políticos. Por presión internacional convocó a un Congreso Constituyente a partir del cual logró mayoría Congresal promoviendo el transfuguismo.[3]

Sobre la violación a los derechos humanos, consta en los expedientes presentados por el Ministerio Público durante el juicio que se le siguió a Fujimori, que desde sus primeros años de gobierno se persiguió y asesinó a dirigentes sindicales, así como se organizaron grupos paramilitares como “Colina” para exterminar extrajudicialmente a presuntos terrorista. La matanza del profesor y los estudiantes de la Universidad “La Cantuta” y “Barrios Altos” son solo algunos ejemplos lamentables de ello.[4]

Algunos seguidores de Keiko Fujimori –entre ellos el presidente García- han sostenido que no se le puede achacar a ella los errores de su padre. El argumento es que no se puede descalificar políticamente a Keiko por el vínculo genético que comparte con Alberto Fujimori. Eso suena lógico pero deja de lado evidencias de fondo sobre el vínculo de carácter político entre Alberto y Keiko Fujimori. Hasta hace algunas semanas Keiko no dudaba en declarar abiertamente que su padre ha sido “el mejor presidente de la historia” e incluso no “chocó” con Montesinos mientras así le convenía para la defensa de su padre. Además, hasta el momento la candidata no ha aclarado cómo financió sus estudios en Estados Unidos, existiendo varios indicios de que éstos fueron financiados con el dinero de la corrupción.[5]

Otra evidencia del vínculo político entre Keiko y Alberto Fujimori es el entorno de la candidata, quiénes la acompañarían en un hipotético gobierno suyo. Tomemos solo algunos ejemplos: Rafael Rey, Martha Chávez y Jorge Trelles. Rafael Rey fue uno de los Congresistas que votó a favor de la Ley de Amnistía que liberó a los miembros del grupo Colina durante el gobierno de Fujimori. Como Ministro de Justicia de García promovió el polémico Decreto Legislativo 1097 que buscaba amnistiar a violadores de derechos humanos. Rey ha sido crítico acérrimo del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, oponiéndose de múltiples maneras a la aplicación de las recomendaciones que el informe propone. Martha Chávez fue y es una recalcitrante defensora del fujimorismo, reivindica hasta ahora el autogolpe del 92, avaló la labor del grupo “Colina” e incluso hace unos días llegó a amenazar al Presidente del Poder Judicial por la sentencia a Alberto Fujimori. Jorge Trelles fue Ministro de Educación durante el gobierno de Fujimori, quien además de avalar y defender las medidas criminales y autoritarias de Fujimori, se encargó de desprestigiar a sus adversarios políticos en los últimos años del fujimorismo a través del programa “Mesa Política” vía el desaparecido canal “Cable Canal de Noticias”.                 

Para muchos es valedero omitir el significado del fujimorismo para supuestamente defender el crecimiento económico. Me parece que es un error tanto ético como político. Ético porque ponen en un segundo plano el legado fujimorista de violación a  los derechos humanos y corrupción que tanto daño ha hecho a miles de peruanos. Político porque se pone en peligro la democracia, se asume acríticamente lo que Campodónico ha llamado “el mito del modelo (económico) intocable”[6] y se renuncia a una serie de reformas necesarias en el país para lograr consolidar una comunidad política incluyente.


      


[1] Ver: Zizek, Slavoj El sublime objeto de la ideología Siglo XXI, México, pp. 64-73.
[2] Para mayor detalle ver: http://bajolalupa.org/13/12_tex.html
[3] Al respecto existen múltiples trabajos, entre ellos el de Julio Cotler y Romeo Grompone titulado El Fujimorismo. Ascenso y caída de un régimen autoritario, Instituto de Estudios Peruanos, 2001.
[4] Recomiendo mirar al respecto el documental sobre el caso La Cantuta titulado En la boca del diablo.
[5] Ver al respecto el trabajo de investigación realizado por el diario “La República”(20/07/2010; 06/08/2010 y 02/04/2011).
[6] Ver: http://cristaldemira.com/pop_guardar.php?id=2349

miércoles, 11 de mayo de 2011

Análisis de las políticas educativas contemporáneas en el Perú



Por: Carlos Monteverde

                                                                                                            La educación en el Perú no es mala, es pésima.
                                                                                                                                                                             Nicolás Lynch

Durante el siglo XX, se ha generado una serie de políticas educativas desfavorables para la mejora de la educación peruana. La mayoría de reformas o leyes dadas desde el Estado han afianzado las brechas existentes entre los grupos de poder y los pobres; éstos han experimentando la exclusión y manipulación desde el ámbito educativo.

Antes de exponer, brevemente, lo que ha significado la política educativa en el Perú, considero que es necesario deslindar el concepto de educación y su significado en el desarrollo del hombre.

Educación y desarrollo humano

La educación según el antropólogo Fernando Silva Santisteban (1998),  es “un proceso sistemático mediante el cual se inculca a los miembros de cada generación una serie de de conocimientos, habilidades y actitudes que son considerados como necesarios para el desarrollo intelectual, físico y moral de los individuos…”. La educación es un medio por el cual se transmiten conocimientos que se producen de generación en generación. Se constituye, entonces, un proceso de aprendizaje en el ser humano dentro del contexto social donde se educa.

La educación formal que está a cargo del Estado conduce  a que sus miembros desempeñen funciones especializadas, según el desarrollo de la sociedad y que ha sido impuesta por la división progresiva del trabajo a través del tiempo. Sin embargo, considero que la educación debe estar orientada para el cambio. Es decir, el hombre tiene el potencial para aprender nuevos modos de pensamiento y realizar acciones consecuentes con ellos (Silva Santisteban, 1998). Esto implica cuestionar las políticas educativas y sociales de su tiempo; así como también proponer alternativas de solución ante problemas o cambios que se susciten.

La educación escolar es intencional. Está inmersa en las sociedades complejas donde el individuo realiza trabajos especializados. La sociedad debe desarrollar los procedimientos necesarios para que las familias participen, con éxito, en la educación formal de sus miembros. Además, debe permitir relacionar los procesos cognitivos del estudiante y, de esta manera, estimular el pensamiento crítico.

En nuestro país es importante que el proceso educativo guarde correspondencia entre los valores de las diversas culturas y los intereses de nuestra patria. Para lograrlo, es menester cumplir con tres principios fundamentales:
-          La educación debe de darse según el contexto social
-          Satisfacer las necesidades fundamentales y culturales de la sociedad
-          Comprender la mecánica de sus estructuras

Con respecto a lo mencionado, entendemos que la educación es un medio que contribuye a que sus miembros logren obtener conocimientos científicos, tecnológicos y humanísticos. Claro está, estableciendo particularidades de acuerdo al contexto donde se imparte. En este caso, por ejemplo, tomando en cuenta los diversos grupos étnicos que conforman la nación. Solo se podrá tener una educación realmente inclusiva cuando se tome en consideración el desarrollo humano e histórico de las distintas regiones del país y se dé valor a las voces que se expresan en distintas formas cuando existen problemas en una determinada coyuntura. Por eso, educar también es escuchar. Es necesario mejorar la calidad de vida a través de políticas educativas que propicien cambios favorables a la comunidad, así como el desarrollo de las distintas regiones, ciudades y zonas rurales para que puedan presentar una adecuada competencia e incluirse en el desarrollo nacional. Reconociendo los diversos aportes culturales que están distribuidos por el territorio peruano.

Política educativa en el siglo XX

Es necesario dar a conocer qué políticas educativas se han implementado durante el siglo XX y, a su vez, cómo llegamos a afrontar la política educativa actual. Sin embargo, solamente haremos una breve mención de lo que ha sido la política educativa durante el pasado siglo. Dando cuenta el proceso de marchas y contramarchas que ha experimentado la educación peruana. 

González Carre y Galdo Gutiérrez (1980), realizan un interesante estudio sobre la Historia de la Educación en el Perú. Para el presente trabajo expondremos y analizaremos dicho estudio enmarcado en el siglo anterior. A inicios del siglo XX el Estado logra encargarse por primera vez del ámbito educativo. La regularidad de los intereses políticos con respecto a la planificación educativa estaba por encima de los intereses pedagógicos. Un indicador sobre lo dicho, es que la reforma que diera el presidente Eduardo López de Romaña al promulgar la Ley Orgánica de Instrucción (9-3-1901) solo dura nueve meses, sin resultados significativos. El desarrollo de esta política tenía una clara influencia francesa, no ajustándose a la realidad del país y logrando beneficiar solamente a unos pocos[1].

El 7-1- 1902 se volvió a dar una nueva Ley Orgánica de Educación. Dicha ley, influenciada por el pensamiento de Alejandro Deústua, tiene una profunda concepción aristocrática.  Fue un calco del modelo anglosajón. Patrocinaba el enciclopedismo, el intelectualismo, el memorismo y la enseñanza de lenguas como el latín, el inglés y el alemán. Esta Ley tampoco se pudo aplicar del todo. En el gobierno de José Pardo, el 5-12-1905, se  promulgó la Ley Nº 162, que constituye una norma de principios demográficos, económicos, administrativos y pedagógicos. Desarrolló una política centrista de la educación y declaró la gratuidad de la enseñanza. Aunque siempre relegando a los campesinos de toda educación de calidad por considerarlos miembros de un sector social inferior.

En los gobiernos de Augusto B. Leguía (1908-1912 y 1919-1930), la influencia norteamericana en el terreno educativo fue notoria. Edwin Bard, jefe de la Misión Norteamericana que operaba en el país desde 1909, elaboró un proyecto que fue promulgado como Ley Nº 4004, en 1920. La misión Bard trató de introducir algunos moldes norteamericanos, concluyendo en un fracaso pedagógico. Durante los periodos del gobierno de Leguía se desarrolló enormemente la educación privada. Se fundaron colegios de fuerte influencia extranjera donde solamente las familias más pudientes se beneficiaron.

En los inicios del siglo XX la enseñanza universitaria estaba sujeta a  las conveniencias políticas del Estado. Por ejemplo, los docentes que estaban influidos por la prédica de González Prada no fueron admitidos. Ya en el año de 1907, José de la Riva-Agüero sostenía que las universidades se limitaban a ser solo una fábrica deficiente de profesionales y burócratas. La preparación de estos universitarios era memorista y no propiciaba el diálogo entre docentes y discentes. En consecuencia, su preparación no era requerida para el beneficio para el país. Una gran movilización, a inicios del siglo, fue preparada por la Universidad del Cusco con la finalidad de modernizar la Universidad, siendo clausurada el 28-8-1909. Luego fue reorganizada por el docente norteamericano Alberto Giesecke y reaperturada el 10-11-1909. Luego, con la primera huelga de estudiantes el 2-8-1919, se logró separar el gobierno de la universidad. Surgieron cátedras libres y delegados estudiantiles asistían a las sesiones del Consejo Universitario. Aunque las luchas siguieron durante el gobierno de Leguía.

José Antonio Encinas asume el rectorado de San Marcos en 1931 realizando las siguientes acciones: establece un plan de estudios desarrollado en tres ciclos, y divide las asignaturas en obligatorias y electivas. Desarrolló una adecuada vida académica y cultural. Esta reforma no fue bien vista por el Gobierno por lo que Encinas fue deportado y San Marcos fue clausurado en 1932. El presidente Óscar R. Benavides bajo el amparo del Estatuto Universitario, de corte autoritario, reabre San Marcos y suprime muchas de las conquista logradas por Encinas en 1931. Vemos cómo el Estado, mediante los grupos conservadores, no dejaron que la educación universitaria sea el motor que diera el impulso para una auténtica modernización educativa, donde la universidad tenga una relación estrecha con la comunidad. Sin embargo, a pesar de todas estas trabas el estudiantado universitario se ha hecho presente en las diversas manifestaciones que hacen notar la problemática en nuestro país.

El 1-4-1941 se promulgó la Ley Orgánica de Educación Pública Nº 9359, con el que el Estado asumía plenamente la responsabilidad de educar. Aunque esta ley respondía a la estructura socioeconómica estatal y a los intereses de las élites, fue atacada por contener dispositivos de carácter democrático. Promovió la docencia en las zonas de la sierra con la exigencia de conocer el idioma quechua. Así como también la alfabetización de los adultos.

Con el golpe de Odría en 1948 y durante su gobierno, se creó un Fondo de Educación y se redactó un Plan de Educación Nacional que se aprobó en 1950. Dicho plan permitió la construcción de las conocidas Grandes Unidades Escolares. Se definieron objetivos tanto pedagógicos como de disciplina: perseverancia, puntualidad y justicia. El pensamiento educativo fue el siguiente: que los niños debieran educarse para lo que serán y a los adultos para mejorar lo que son, buscándose una estrecha relación entre la escuela y la comunidad.  

En el segundo gobierno de Manuel Pardo, siendo ministro de Educación Jorge Basadre, se dispuso la realización del Inventario de la Realidad Educativa Nacional, proporcionando cifras como la existencia de 1 000 000 de niños sin escolarización, condenados al analfabetismo y la servidumbre, pues no había aulas ni maestros para ellos; así también evidenció carencia de aulas, carpetas, material didáctico, etc. Esta cruda realidad quiso ser minimizada, pero en ciertos sectores despertó el deseo de buscar un cambio de estructuras socioeconómicas y de efectuar una real planificación educativa. En el año de 1970 el Informe General de la Educación comprobó, al analizar el crecimiento de la población estudiantil de la década de 1958 a 1968, que en esta época la población estudiantil primaria casi se había duplicado y que la secundaria se había triplicado. Los índices de deserción disminuyeron notablemente y se generó una explosión ascendente de matrículas en colegios y universidades. Pero aunque parezca paradójico, cada año se arrojaba como desperdicios a más de un tercio de millón de alumnos de las escuelas, graduando, al término de la secundaria, solo al 12% de los alumnos que había empezado sus estudios en transición. El Censo de 1940 indicaba que el porcentaje de analfabetos era el 57 % de la población mayor de 15 años, y el de 1972 comprobó que este porcentaje  había bajado al 27 %.  Sin embargo, en términos absolutos, el número de analfabetos ha ido aumentando, pues si en 1940 teníamos 2 070 300, en 1972 contábamos con 2 189 100. Estas cifras daban cuenta de un sector de campesinos que eran excluidos de la educación.

En 1970 se formó una comisión dirigida por Augusto Salazar Bondy que elaboró un Informe General sobre la Reforma de la Educación Peruana. Aquí se señalaron diez problemas:
-          Analfabetismo creciente
-          Desatención de los niños de los grupos sociales marginados
-          Ausencia de un sistema de recuperación
-          Educación al servicio de una minoría
-          Desconexión de la realidad
-          Falta de sentido peronista
-          Intelectualismo, memorismo y una tendencia academizante.
-          Inadecuada formación y selección del magisterio.
-          Rígidez, burocratismo y rutina.
-          Distorsión administrativa y financiera.

La reforma educativa que se estructuró a través del D.L. 19326 del 21-3-1972, se desmanteló, progresivamente, con los gobiernos posteriores a Velasco.

Política educativa en las últimas décadas

Los gobiernos de Belaúnde y García comprobaron la débil actividad del Estado en la mejora de la educación, haciendo notoria la exclusión de los ciudadanos  más alejados de nuestro país. Con contenidos desactualizados y poco profundos. La educación de los años de 1980 se caracterizó por seguir el patrón memorista y repetitivo en cuanto a contenidos, como también la existencia de profesores poco preparados en las materias pertinentes. Durante la década de Fujimori, este gobernante debilita al magisterio y se agudizan los problemas laborales. Los medios de comunicación influyeron notablemente en la política educativa peruana. Desviando la atención de los estudiantes, así como también dando poca importancia a los cursos de ciencias sociales, con la finalidad de no conocer realmente la historia peruana y los problemas del país. Justificando el orden establecido y el manejo autoritario del poder de Fujimori. Se inició la proliferación de los colegios particulares con poco control, y con una finalidad lucrativa y de rendimiento administrativo, más que de calidad pedagógica. Con el gobierno de Fujimori, los colegios particulares afianzaron su visión empresarial, para ser cada vez menos centros de formación crítica y académica.

Reflexiones finales

En suma, podemos afirmar que el Estado, a través del Ministerio de Educación, configura de manera intencionada y manipuladora los contenidos que justifican el orden establecido por los grupos de poder. Además, el Diseño Curricular Nacional (DCN), en la programación de los contenidos de cuarto año de secundaria, solamente incluye conocimientos referidos al liberalismo e imperialismo, excluyendo al socialismo y demás movimientos sociales de importancia de finales del siglo XIX y del siglo XX. De este modo, se evitar que el alumno conozca sobre dicho proceso mundial. La finalidad es sesgar la información. Por lo tanto, tampoco busca, a través de las capacidades y los juicios críticos, el cuestionamiento de nuestra estructura socioeconómica. Por el contrario, busca presentarse como “natural” y “necesario” el seudo crecimiento y el desarrollo. O denominando, por ejemplo, los sucesos ocurridos en las décadas de los ochentas y noventas como terrorismo y no violencia política. A pesar que promueve el pensamiento crítico en los estudiantes, al parecer no se toma en cuenta los preceptos de Vygostky y su teoría Histórico-Cultural. Éste  propone que el estudiante construye su conocimiento como producto de la interacción social de su cultura, estableciéndose de esta manera una relación dialéctica con su entorno. En el caso de nuestro país, a pesar de la pluriculturalidad, el diseño curricular es todavía centralista. Es necesario establecer estas relaciones entre las diversas culturas, sin afectar ni a unas ni a las otras. Es decir, que en la enseñanza de los lugares más alejados como las provincias no se imponga un modelo limeño centralista que logre enajenar a los demás habitantes de nuestro país.



[1] González Carre y Galdo Gutiérrez (1980). Historia de la educación en el Perú. En: Historia del Perú. Mejía Baca, Lima.